La diócesis es una parte del Pueblo de Dios que se
confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su
presbiterio. Así, unida a un pastor, que la reúne en el Espíritu Santo
por medio del Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia
particular. En ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de
Cristo una, santa, católica y apostólica (Cristus Dominus nº 11)
La tradición reitera que la historia de nuestra
Diócesis arranca con el episcopado de S. Epitacio en el siglo I; no
obstante, sólo contamos con apoyo documental para establecer la sucesión
de los siguientes obispos y sus nombres, a partir de finales del s. VI.
Ellos estamparon sus firmas al pie de las actas de los Concilios de
Braga: Anila, en tiempo de los suevos, y luego Neufila, Gardingo, etc.
Obispos en el destierro
Durante as invasións árabes e normandas a presenza episcopal na sede tudense resultou moi dificultosa, por mor das continuas devastacións. Os bispos, con moita frecuencia, víronse obrigados a “desterrarse e refuxiarse” acollidos á hospitalidade dos seus irmáns veciños, unhas veces en Iria Flavia (Padrón), outras en Labrugia (Portugal) ou en San Esteban de Ribas do Sil (Ourense). Así do prelado Naustio (ca. 926-932) di unha escritura atopada en 1112 que os normandos e sarracenos penetraban na cidade de Tui polo río Miño e causaban moitos danos ao noso pobo, por iso o bispo retirouse ao mosteiro de Labruxe (Labrugia) para evitar sobresaltos, gobernando desde alí a diocese.
Lo mismo tuvieron que hacer Oveco (ca.
932-936), Vimara (936-948), Baltario (ca. 942-950) y Vilulfo (950-1002).
Por ello los historiadores hablan de “restauración” de la diócesis de
Tui a finales del siglo XI, porque incluso había llegado a estar
jurídicamente vinculada a la de Santiago al menos desde 1024. La
recuperación de la estabilidad con presencia episcopal definitiva
acontece en 1095 cuando los Condes de Galicia, D. Ramón de Borgoña y su
esposa Dña. Urraca (la hija de Alfonso VI) otorgan al Obispo D. Aderico
el “señorío de Tuy”, que sobrepasaba ampliamente la línea del Miño.
De Rebordanes a la Catedral en Tui
En el citado año 1095 se menciona la sede de “Santa
María de Tui”, aun cuando parece que ésta habría que situarla entonces
en Rebordanes (actual iglesia de S. Bartolomé) donde residía el Obispo.
Porque es al sucesor de Aderico, D. Alfonso II, a quien algunos
atribuyen la iniciación de las obras de la Catedral actual (1120-1125)
reinando Alfonso VII “El Emperador”, hijo de Dña. Urraca. Otros sin
embargo, asignan el honor de haber comenzado la construcción de la
Catedral al Obispo D. Pelayo hacia el 1131 (él habría creado según
parece un monasterio en Rebordanes bajo la regla de S. Agustín, en el
que vivían “canónigos de la misma iglesia”). Está claro históricamente
que será el rey Fernando II (1170) quien mande trasladar la ciudad “a un
lugar más alto y más seguro” –el emplazamiento actual– dejando la ciudad
antigua y otorgando al Obispo nuevas donaciones “para que el Obispo D.
Beltrán y el Cabildo puedan levantar –así dice el documento real– un
alcázar y torre junto al palacio episcopal y continuar la fábrica de la
Catedral”.
La Catedral, cofre de “S. Telmo”
Corresponderá al Obispo D. Esteban Egea, esta vez con
el apoyo del rey Fernando III “El Santo” y de su madre Dña. Berenguela,
terminar la obra y consagrar la Catedral en la festividad de san Andrés
del año 1225, aunque se fijó el 1º de diciembre como día hábil
litúrgicamente para conmemorar la dedicación.
Fue el Obispo D. Lucas de Tui quien eligió el lugar
de honor que es nuestra Catedral para depositar en ella (hacia los años
1246-1249) el cuerpo del que ahora es Patrono de la Diócesis, el Beato
Pedro González vulgarmente conocido como “San Telmo”, cuyas reliquias
serían trasladas solemnemente a la Capilla actual, el 27 de abril de
1579.
Momento crítico y azaroso en la historia de la Iglesia y
consiguientemente de la Diócesis fue el del cisma de Occidente (1378-1417), por
la división creada también entre los miembros del Cabildo, adscritos a favor de
los distintos pontífices. Así tras la polémica, la Colegiata de Valença do Minho
con 230 parroquias en territorio portugués se desgajarían del Obispado de Tui.
Otras dos Colegiatas existieron también en la diócesis dedicadas ambas a Santa
María: la de Baiona la Real (elevada a ese rango en 1482) y la de Vigo (en
1497). Ambas dejaron de ser “colegiatas” en virtud del Concordato de 1851 que
hizo desaparecer esas categorías.
Diócesis de Tui-Vigo desde 1959
Hay una fecha histórica reciente de la que
acabamos de cumplir las Bodas de Oro, el 25 de junio de 1959, por la
Bula “Quemadmodum impiger”, el Papa Juan XXIII concede a la Diócesis la
doble titularidad de Tui-Vigo y rango de Con-catedral al templo vigués
de Santa María. El Obispo Fray José López Ortiz trasladó desde entonces
la Residencia Episcopal, la Curia diocesana y el Seminario Mayor a la
ciudad de Vigo, lo que originó también un solo Cabildo con doble sede.
“Tui dará a Vigo su experiencia milenaria –decía Fray José– y Vigo
aportará a la actividad diocesana su ritmo pujante de conquista activa y
emprendedora”.
A partir de la doble denominación de la
Diócesis de Tui-Vigo ocuparon la sede diocesana quienes son ahora ya
Obispos eméritos: D. José Delicado Baeza (1969-1975); D. José Cerviño
Cerviño (1975-1996) y D. José Diéguez Reboredo (1996-2010)
El territorio de la Diócesis –que en diversos momentos
comprendió tierras hoy de Portugal y del Ribeiro orensano–, abarca en la
actualidad 1.721 Kilómetros cuadrados del sur de la provincia de Pontevedra y es
la más pequeña de las diócesis españolas del territorio peninsular en extensión,
aunque no en población. Dividida en 276 parroquias, el último censo le atribuye
una población de 517.658 habitantes. Para la atención pastoral de los fieles
dispone la Diócesis de algo más de doscientos sacerdotes entre los seculares y
los religiosos. El Seminario Mayor “de San José” (Vigo) tiene 15 seminaristas y
en el Seminario Menor “de S. Pelayo” ( Tui) estudian 18 aspirantes al
sacerdocio.
Arquitectura y arte en la Catedral
Sobre la arquitectura de la Catedral-fortaleza baste
decir que fue inicialmente románica y adaptada a las posibles
necesidades defensivas; pero muy pronto se vio afectada por las nuevas
corrientes de transición al gótico. Anótese también que el espléndido
pórtico de la fachada principal, en el que están representadas escenas
de la Natividad, no sería concluido hasta 1236.
Y en la imposibilidad de enumerar todas las obras de
arte encerradas en la Catedral, invitamos a admirar la belleza artística
y la teología del misterio de la encarnación genialmente expresada en el
retablo de la Expectación, obra del redondelano Antonio del Villar
(1722), que se halla en el brazo sur del crucero junto a la puerta que
da acceso al Claustro; la detallada exposición de la vida y milagros de
San Telmo, en la sillería del coro, obra de Francisco Castro Canseco
(1699); también por su simbolismo, la sede desde la que nos preside el
Obispo (obra de Domingo Rodríguez de Pazos, 1712) y los frontales del
altar, que son del siglo XV, de inspiración mudéjar.
La Iglesia Catedral es aquella en la cual el Obispo
tiene situada su Cátedra, signo del magisterio y de la potestad del
pastor de la Iglesia particular, como también es signo de la unidad de
todos los creyentes en la fe que el Obispo anuncia como pastor de la
grey».(Ceremonial de los Obispos nº 42)
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