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29
de junio
PRIMERA LECTURA
"Era
verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes"
En aquellos días, el rey Herodes se puso a
perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a
Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió
detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la
cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada
uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de
Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia
oraba insistentemente a Dios por él.
La noche antes de que lo sacara Herodes,
estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los
centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel. De repente, se
presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el
hombro, lo despertó y le dijo: "Date prisa, levántate." Las cadenas se le
cayeron de las manos, y el ángel añadió: "Ponte el cinturón y las
sandalias." Obedeció, y el ángel le dijo: "Échate el manto y sígueme."
Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no
realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón
de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la
calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: "Pues era verdad: el
Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la
expectación de los judíos."
"El Señor
me libró de todas mis ansias"
Bendigo al Señor en todo momento,
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
El ángel del Señor acampa
"Ahora me
aguarda la corona merecida"
Querido hermano: Yo estoy a punto de ser
sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi
combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la
corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel
día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El
Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo
que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El
Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino
del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
"Tú eres
Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos"
En aquel tiempo, al llegar a la región de
Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente
que es el Hijo del hombre?" Ellos contestaron: "Unos que Juan Bautista,
otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas." Él les
preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Simón Pedro tomó la
palabra y dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo." Jesús le
respondió: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha
revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora
te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el
poder del infierno no la derrotará.. Te daré las llaves del reino de los
cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que
desates en la tierra quedará desatado en el cielo." | ||||||||||||||||||||