19 de junio de 2024

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San Romualdo
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Carlos Estévez: «Salgo de la JMJ renovado, lleno de gracia y con ganas de compartir la alegría de Dios con el mundo entero»

Carlos Estévez: «Salgo de la JMJ renovado, lleno de gracia y con ganas de compartir la alegría de Dios con el mundo entero»
Foto: Carlos Estévez, tudense de 16 años, participó en su primera JMJ en Lisboa

Soy Carlos Estévez Villar, un tudense de 16 años que junto con otros jóvenes de la Pastoral Juvenil y Universitaria de la diócesis de Tui-Vigo acaba de vivir su primera Jornada Mundial de la Juventud. A continuación, les voy a contar mi testimonio sobre la gran experiencia que he tenido la oportunidad de disfrutar en Lisboa.

Mi familia siempre ha estado muy ligada a la JMJMis padres se conocieron y enamoraron en la de Toronto 2002 y participaron en muchas otras. Por esta razón, desde pequeño siempre he deseado poder asistir a una y tenía muchísimas expectativas acerca del evento e incluso miedo de que no fuera tan maravilloso como esperaba. Pero, por el contrario, ha sido mucho mejor.

Para prepararnos, tuvimos un encuentro parroquial en el Algarve, más concretamente en Faro, en el cual estábamos las diócesis de Tui-Vigo, Lugo y nuestros —­ahora— amigos de Cluny de Pozuelo. Para los que sepan de fútbol, esto fue como una pretemporada para lo que se venía en Lisboa, pero no creáis que fue poca cosa, fue alucinante. Pudimos disfrutar de adoraciones, conciertos, playa, momentos preciosos de oración, turismo, ginkanas, actividades de intercambio cultural y, por supuesto, las misas diarias que fueron maravillosas en buena parte gracias al gran equipo de animación. Para cerrar el relato de Faro, me gustaría destacar las dos cosas que más me gustaron: primero, la amabilidad y disposición de los voluntarios portugueses, que nos servían con una sonrisa de oreja a oreja. Y segundo, la gran familia que formamos en esos días, llegando realmente a esas relaciones fraternales que tanto le gustan a nuestro Padre. Y es que en Faro éramos todos hermanos.

Luego, nos adentramos en Lisboa y la cosa se complicó, la ciudad estaba desbordada. Moverse por la ciudad se hacía muy difícil: para comer había que esperar horas al sol haciendo cola y la temperatura subió a unos grados que provocaron mareos y deshidrataciones. Fue ante estas condiciones cuando realmente vi la magia de la JMJ, la gente no se quejaba, por la calle sólo se veían sonrisas, compartíamos todo lo que teníamos y cuidábamos a los que más lo necesitaban, llegando incluso a descuidar la salud propia para mejorar el estado del otro. Era como una utopía, un ambiente de puro amor y solidaridad y es que todos estábamos llenos del Espíritu Santo. Verdaderamente Dios estaba con nosotros, se notaba por todas partes y nunca nos dejaba solos.

Para continuar, en la semana de la JMJ pasamos momentos que quedarán siempre en mi memoria como el «Encuentro de españoles», las catequesis —encuentros «Rise Up»— con las que tanto aprendimos, el concierto de Hakuna en el que rezábamos mientras cantábamos o la visita a la Ciudad de Alegría. Pero lo que superó todo fueron los momentos de escucha, oración y aprendizaje junto al Papa. Me pareció un hombre excepcional y con una oratoria fuera de lo común. Con sus palabras, logró inspirarnos e ilusionarnos e interioricé cosas fundamentales como que en la Iglesia cabemos todos, que Dios nos ama a cada uno por nuestro nombre o que siempre hay que dar gracias —sobre todo, a nuestras raíces—.

Para terminar, recomiendo esta experiencia a todo el mundo alguna vez en la vida. Literalmente he pasado los mejores días de mi vida; he conocido a personas que ahora son muy importantes para mí, hasta el punto de considerarlos familia; he tenido mi encuentro personal con Dios y lo he sentido en mi corazón y en la mirada de los demás; y, por último, salgo de la JMJ renovado, lleno de gracia y con ganas de compartir la alegría de Dios con el mundo entero.

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