29/03/2020

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San Eustasio
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En el 50 aniversario de Cáritas Diocesana

En el 50 aniversario de Cáritas Diocesana

El 9 de enero de 1970 se constituyó en nuestra Diócesis Cáritas, como institución promotora y coordinadora de la acción caritativa y benéfico-social de la Iglesia Diocesana. Celebramos, pues, cincuenta años de vida activa de esta institución tan querida y apreciada en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad. El lema escogido “50 años caminando con los pobres”, resume en pocas palabras la acción desarrollada por todas las personas que, de una manera u otra, han hecho posible mitigar el sufrimiento y la desesperación de muchas personas a lo largo de todos estos años.

Es pues un tiempo de gracia, de gracias. De gracias a Dios, de gracias a todas las personas e instituciones que han “sido” Cáritas en este tiempo. Pero también es tiempo de mirar al futuro, porque la vida sigue, sin olvidarnos del pasado. Como decía Jesús, «la persona que se ha hecho discípula del reino de los cielos, es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo» (Mt 13,52).

En 1891 se publicó la Encíclica Rerum novarum del Papa León XIII “sobre la cuestión social” que buscaba dar respuesta a los problemas que surgieron en la sociedad industrializada de aquella época. Desde entonces hasta la mitad del siglo XX la reflexión social de la Iglesia ha girado en torno al escenario del conflicto de las sociedades industriales, el del capital/trabajo.

En 1967 vio la luz  la Encíclica  Populorum progressio del Papa Pablo VI, “sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos”. Esta pone el centro de atención en el desarrollo integral del hombre; en el conflicto norte/sur que marca las diferencias existentes entre las sociedades desarrolladas, las subdesarrolladas y las en vías de desarrollo. El desarrollo no puede reducirse exclusivamente al crecimiento económico; para que sea auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre (PP 14). No excluye a ningún miembro de la comunidad humana e implica a todas las dimensiones de la persona, no solo a la satisfacción de las necesidades materiales.

En 2009 Benedicto XVI escribe la Encíclica Caritas in veritate, -Caridad en la verdad-, considerada como la Rerum novarum de la época contemporánea, en la cual se da un paso más al indicar que el desarrollo además de ser integral debe ser solidario, es decir, exige un auténtico compromiso ético personal y social. Ello implica que todas las personas se consideren corresponsables de la construcción solidaria de un desarrollo humano integral, y se empeñen y trabajen por el bien común, es decir, por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.

En 2015 se publica la Encíclica Laudato si, “sobre el cuidado de la casa común”, en la que el Papa Francisco nos dice que el desarrollo no solo debe ser integral y solidario sino también sostenible; es decir, que satisfaga las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

El compromiso para un desarrollo humano, integral, solidario y sostenible debe ser un compromiso de todos, de toda la sociedad; forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia y es su deber hacerlo realidad a través de su doctrina social, de su implicación en la lucha por la justicia y contra las causas que generan la pobreza y la exclusión, del cambio de estructuras de opresión y de su testimonio; y siempre con la atención puesta en la opción preferente por los pobres, los excluidos, los descartados de la sociedad.

 Todo este devenir del desarrollo, que hemos visto evolucionar a través de las sucesivas pautas marcadas por los Papas, alimenta la acción caritativa y social de la Iglesia y nutre la acción de Cáritas. La caridad, en pleno siglo XXI,  nos llama a superar la beneficencia, el asistencialismo. Si la persona es el centro y la entendemos en su dimensión integral, la caridad y el desarrollo no se limitan a ofrecer a los pobres respuestas de primera asistencia: comida, ropa, medicamentos u otras necesidades materiales; su objetivo primordial es dignificarla, procurarle autonomía y promover su plena realización e integración en la sociedad. La acción de Cáritas debe contribuir también al desarrollo social, relacional, político, cultural y también ético y espiritual, como recuerda el Papa Francisco, de las personas con las que trabaja.

Este es el camino a seguir en el presente y en los años venideros. Por ello, en este cincuenta aniversario de Cáritas Diocesana, os invito a “ser parte” de Cáritas como hasta ahora lo habéis venido haciendo.

A las puertas de la Navidad, en la que celebramos el nacimiento de Jesús, el Señor nos invita a acogerle en el hermano: «Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era extranjero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25, 31-46).

† Luis Quinteiro Fiuza

Obispo de Tui-Vigo