Mensaje con motivo del fallecimiento de Pilar Lago Candeira, voluntaria de Stella Maris Vigo
A veces, en el día a día, nos llevamos sorpresas que nos dejan sin palabras, y con un sentimiento de desconcierto. Hace unos días nos sorprendía la muerte de Pilar Lago Candeira, Pili, voluntaria en Stella Maris de Vigo. La muerte la cogió envuelta en la preparación del torneo de fútbol de Navidad, que el grupo de Stella Maris (Apostolado del Mar) de nuestra diócesis lleva adelante desde hace varios años. La sorpresa y los sentimientos de dolor de los marineros a los que lleva ayudando desde hace tiempo, así como el de sus compañeras voluntarias en esta labor, eran visibles en la celebración del torneo, el pasado domingo: el minuto de silencio guardado en homenaje, respeto y oración por ella, así como el aplauso final de todos, lo puso de manifiesto.
La labor desarrollada por Pili fue constante y silenciosa, como la de todas las voluntarias y voluntarios de Stella Maris. Muchos marineros, trabajadores del mundo del mar que se acercan a nuestro puerto de Vigo saben bien de él: de su bueno hacer, de tantos esfuerzos y de la cercanía que devolvía la ilusión, la esperanza y la sonrisa a tantos.
Sentimos su dolor y el de su familia porque nos sentimos parte de ella, y Pili era un poco de todos y todas. Agradecemos el regalo que nos hizo Dios de ponerla en nuestro camino, su entusiasmo y su compromiso. Queremos vivir este momento desde la fe en ese Dios que se acerca a todos, con la mano tendida, rompiendo con nuestros miedos y poniendo siempre una gota de esperanza en cada uno de nosotros; un Dios que da la vida y nos llama a vivir para siempre jamás con Él. Como gente del mar, nos confiamos al amor maternal de la Virgen del Carmen, patrona de las gentes del mar, y le confiamos la vida de Pili y la de su familia.
Agradecemos todos los esfuerzos del voluntariado de Stella Maris, sabiendo que, con el testimonio de Pili, seguirán siendo el rostro «amable y delicado» que acoge a tantos marineros en situación de debilidad.



