18 de febrero de 2026,
San Eladio

16 de enero de 2026

Ayer despedíamos en su parroquia natal al que fue vuestro pastor durante trece años; lo hacíamos con pena y con esperanza, porque aunque la muerte de un ser conocido y querido es un momento duro, nos llenan a diario de esperanza las palabras del Señor Jesús, que siempre hablan de vida.

Nos decía el Apóstol Pablo en la primera lectura: me alegro de lo que tengo que padecer por vosotros, el Cuerpo de Jesucristo, la Iglesia. Pablo fue hecho servidor de aquella Iglesia por el encargo de Dios de la misión de predicar su Palabra.

Si tuviéramos que resumir la vida y misión de un cura, estas palabras podríamos hacerlas propias. Cada sacerdote, leyendo el Evangelio, orando esas palabras, haciendo silencio para acogerlas, viendo las necesidades de las personas que lo rodean, va descubriendo el sentido de su existencia, que no es otro que el de hacer la voluntad del Padre que nos quiere salvar. Y esa voluntad se va realizando en la entrega silenciosa, humilde, constante y tenaz del día a día, entre aquellos encomendados por el Señor.

La vida del sacerdote Ramiro intentó ser cada día una entrega que manifestara su unión fuerte a Jesucristo, para dar fruto abundante. Amado por Dios, escuchó en su interior la invitación a permanecer en su amor, siendo testigo de éste entre sus hermanos y hermanas.

Le agradecemos a Dios, en esta tarde, el regalo que fue la vida de nuestro hermano, desempeñada en las comunidades por donde estuvo, desempeñada en esta comunidad de Castrelos. Él fue, en ellas, el sembrador generoso de la Buena Nueva de Jesucristo a tantos que se acercaron al Señor por su testimonio evangelizador.

Le agradecemos a Ramiro su esfuerzo, su labor, la semilla que fue plantando. Sabemos de sus dificultades y problemas, también de sus desvelos e intentos de vivir en fidelidad a la llamada divina siendo pastor bueno. Cuando los viñedos permanecen unidos a la vid, rezuman del amor de Jesucristo y se transforman en el signo que el mundo necesita para creer en Dios Padre y en su enviado Jesucristo.

Esta comunidad parroquial, este presbiterio diocesano rinde sentido homenaje y recuerdo a nuestro hermano Ramiro, y a todos los que como él, intentan vivir desde la fe, el amor y el servicio a todos para que la Iglesia aparezca en el medio del mundo como la esposa fiel a Jesucristo, la Luz que hace que veamos todo de forma nueva.

Nuestro homenaje no puede quedar cerrado solo en este momento; el mejor homenaje es el que lleva adelante aquello por lo que vivió nuestro hermano, aquello que anunció y que enseñó Aquel a quien él le entregó su vida.

Oramos por Ramiro, por esta parroquia, por nuestro presbiterio diocesano. Que todos permanezcamos siempre unidos a Jesucristo, vid verdadera y a su Padre, el labrador generoso. Y que la semilla echada en la tierra por Ramiro y tantos otros sacerdotes, dé muchos frutos en esta Iglesia que camina en las tierras de Tui-Vigo. Amén.

+ Mons. Antonio Valín Valdés

Obispo de Tui-Vigo