2/07/2020

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San Bernardino Realino

Junio 2019: «Y llega el final de curso»

Junio 2019: «Y llega el final de curso»

Solo llega a su fin lo que se ha comenzado. La semilla sembrada en el surco necesita su tiempo para brotar con brío de la tierra cultivada. No hay frutos sin sementera y no hay final logrado sin el esfuerzo necesario. Nada se consigue sin el trabajo y la paciencia.

Nuestro curso pastoral llega a su final y hemos de examinar los frutos logrados para contrastarlos con aquellos soñados. Hay unos tiempos de realismo en nuestras tareas eclesiales que nos impiden atrincherarnos en nuestras dialécticas vacías. Nuestro trabajo pastoral nace y se sustenta en el don de Dios y en el de su gracia, pero también sabemos que nuestro esfuerzo sostenido cuenta mucho al final de la tarea.

Nuestra Diócesis, nuestras Parroquias, nuestros colegios, todas nuestras tareas pastorales tienen como fin la alabanza de Dios y el bien de nuestros fieles. Tienen, por ello, una dimensión interior, invisible, íntima que se escapa a la experimentación sensible y tienen, a su vez, otra dimensión exterior y susceptible de una experimentación sensible y social. Por eso necesitamos revisarlas, contrastarlas, someterlas al juicio de una lógica elemental.

Hay muchas acciones de nuestra pastoral que no son fáciles de someter a criterios de valor general, pero hay otras muchas que no solo pueden ser sometidas, sino que deben ser sometidas por todos nosotros a criterios de valor general. Nuestras tareas pastorales carecerán de una elemental eficacia mientras no las sometamos al principio general de la experiencia contrastable. ¿Qué hacemos? ¿Cómo lo hacemos? ¿En qué nos equivocamos? ¿Qué dejamos de hacer?.

En este final de curso suelen celebrarse en muchas de nuestras Comunidades el sacramento de la primera Comunión para nuestros niños y niñas y el sacramento de la Confirmación para nuestros jóvenes o adolescentes. Estamos notando, cada año que pasa, la disminución del número de candidatos a recibir estos sacramentos. Una opinión generalizada tiende a asentarse en nuestras conciencias de que todo es debido a la baja estima que nuestros fieles tienen de la fe y de los preceptos de la Iglesia.

No seré yo el que niegue la perniciosa influencia de muchos elementos de nuestro ambiente social en el poco aprecio de nuestros fieles hacia la vida cristiana. Pero esto no lo explica todo. En mis visitas a las Comunidades de fieles encuentro muchas realidades que me hacen pensar mucho. Encuentro, al lado de comunidades mortecinas y poco trabajadas, otras realidades eclesiales florecientes, al menos con esfuerzos pastorales razonablemente logrados.

Es evidente que hoy es difícil atraer a los jóvenes a la Iglesia. Esto nadie lo pone en duda, pero entonces ¿cómo se explica que Parroquias y Colegios de diferente talante pastoral presenten jóvenes o adolescentes a la Confirmación en números muy estimables y con una preparación duradera y adecuada?. Son casos de mucho mérito, pero de ningún imposibles. En la mayoría de estos casos uno encuentra la explicación de un trabajo pastoral apasionado y sostenido en el tiempo. Un trabajo pastoral que nace de una convicción profunda y que genera la alegría de la fe del a que nos habla tanto el Papa Francisco.

Esta reflexión que me nace del corazón y de la experiencia de cada día solo pretende una cosa. Invitaros a todos los sacerdotes y religiosos, catequistas y miembros de nuestros equipos pastorales a que sometáis, con sencillez y humildad, vuestros planes pastorales al principio general de la experiencia contrastable.

Damos gracias por el curso pastoral que estamos terminando y ahí queda esa propuesta para cuando hayamos puesto el final.

Con todo mi afecto y gratitud.

+ Luis Quinteiro Fiuza
Obispo de Tui-Vigo