13 de marzo de 2026,
San Nicéforo

6 de febrero de 2026

Dicen que una imagen vale más que mil palabras… y seguro que todos hemos experimentado esto. Una imagen evoca un sinfín de situaciones, emociones, sentimientos… de diversa índole; algunas nos entusiasman, otras nos llevan a una gran desolación. Cuando vemos imágenes de violencia, guerras, pobreza, miseria… no sólo vemos esa realidad; detrás de cada imagen hay una historia humana, social, familiar; hay personas con nombres y apellidos concretos, muchas víctimas de situaciones no buscadas ni queridas, sólo víctimas…y esas imágenes hablan mucho más que las palabras.

Decía el papa Benedicto XVI, “combatir la pobreza es construir la paz”. Todo tipo de pobreza y la falta de oportunidades generan frustración, tensiones y conflictos; toda desigualdad es caldo de cultivo para la violencia, y en nuestro mundo vivimos rodeados de violencia, a veces, una violencia física, psicológica, estructural que es un grito desgarrador; otras, una violencia silenciosa, aunque igualmente provocadora de escándalo: el hambre es una manifestación de este tipo de violencia.

Sin alimentos, no hay salud, ni educación, ni… futuro. Las guerras, las injusticias, la indiferencia ante los problemas ajenos, el afán de lucro rápido y fácil, el consumo descontrolado, la crisis climática… provocan que millones de personas sean víctimas que sufren -muchas veces en una indiferencia atroz- las consecuencias de todo esto. El hambre, la pobreza cada vez más creciente borran décadas de progreso y sumergen en una salvaje miseria a grandes colectivos humanos.

El lema de este año de Manos Unidas, Declara la guerra al hambre, nos recuerda la necesidad de poner nuestra fuerza en el desarrollo justo como camino para la paz. El hambre es una manera silenciosa de violencia. Luchar contra el hambre es un grito profético para despertar conciencias, luchar contra tantas injusticias y denunciar estructuras injustas que aplastan a tantas personas en una dura marginación.

¿Cómo declarar la guerra al hambre? No con armas, ni siquiera con grandes discursos o manifiestos; lo nuestro es hacerlo desde una conversión integral, con las armas del corazón que nos lleven a ver en cada persona a un hermano, a ser más solidarios, justos, a dejar de competir para ser más que los otros, y empezar a ser, en toda situación, más-con-los-otros. Lo nuestro es cambiar el propio corazón desde el evangelio para cambiar las estructuras, acogiendo la llamada del papa Francisco, “a construir desde la solidaridad una civilización del amor en la que todos podamos sentirnos convocados” (Fratelli Tutti 183). Nuestro Maestro, Jesús de Nazaret, decía a los discípulos, ante aquella muchedumbre hambrienta que lo seguía: “Dadles vosotros de comer” (Lc 9,13), y esta invitación es un toque de atención a toda indiferencia y tentación de quitarse los problemas ajenos de encima. Cambiando cada uno, empieza a cambiar el mundo; cambiando cada uno, se pueden cambiar las estructuras.

Manos Unidas lleva “declarando la guerra” al hambre casi 70 años. Su trabajo va más allá de recaudar fondos para poder llevar adelante los diferentes proyectos que en distintos lugares del mundo realizan. Son iniciativas que fomentan el desarrollo integral, evitando la exclusión social, las desigualdades económicas, la vulneración de los derechos humanos, el hambre o la miseria. Lo fundamental es crear una conciencia nueva, que rompa con dinámicas de injusticia y que promueva una sociedad diferente; el hambre -con todo lo que supone- sí se puede erradicar, y declarar la guerra al hambre es alimentar la paz. Es una tarea titánica, no imposible; y lo que podamos hacer y cambiar cada uno de nosotros se transforma en oportunidades de vida para muchos.

Durante toda esta semana, los/las voluntarios/as de Manos Unidas de nuestra diócesis se han acercado a colegios, parroquias, grupos para presentar la Campaña de este año. Han intentado abrir nuestros ojos a una realidad incómoda como es el hambre. Agradecemos su entusiasmo y esfuerzo, su trabajo de cada día y su ilusión, porque sabemos que cada gesto y voluntad son necesarios. Nos toca ahora, a nosotros, cambiar de mentalidad, y juntos, declarar la guerra al hambre.

 

+ Mons. Antonio Valín Valdés

Obispo de Tui-Vigo