19 de febrero de 2026,
Beato Álvaro de Córdoba

Mensaje con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, 9 de noviembre 

 

Escribe el apóstol Pablo que a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1, 4); somos invitados a «correr con constancia, en la carrera que nos toca» (Heb 12, 1); somos llamados a ser santos y esa invitación se dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lev 11,45). El Concilio Vaticano II insiste: «todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (LG 11). 

«Cada uno por su camino» nos recuerda la necesidad de que cada creyente —tú y yo— discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio» (GE 11). 

La santidad no está reservada a un grupo selecto. Todos estamos llamados a ser santos, viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde uno se encuentra, como nos dice el papa Francisco (GE 14). Sólo tenemos que dejar que la gracia recibida en el bautismo fructifique en un camino de santidad, que irá creciendo con pequeños gestos en el vivir diario. Es aquello que el cardenal Van Thuân decía: «vivir el momento presente colmándolo de amor». 

¿Cómo ser santos hoy? El papa Francisco nos indica cinco notas: 

  • Estar centrados y firmes en torno a Dios que nos ama y sostiene. Esto nos llevará a aguantar contrariedades, a la paciencia y a vencer al mal con el bien. 
  • Alegría y sentido del humor. Ser cristiano es gozo en el Espíritu (Rom 14, 17), que conduce a una serenidad esperanzada. El mal humor no es un signo de santidad 
  • Audacia y fervor. Coraje que nace del «no tengáis miedo» (Mc 6, 50) y del «yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20), que dice Jesús. 
  • En comunidad. La santificación es un camino comunitario, donde es necesaria la atención a los detalles, la cultura del cuidado y la ternura 
  • Oración constante, siempre abiertos a la trascendencia. El santo es alguien con espíritu orante, que necesita comunicarse con un Dios en quien confía y lo ama 

Todo esto lo podemos vivir cada uno siguiendo el ejemplo de tantos hombres y mujeres que a lo largo de la historia han descubierto el amor de Dios y que han respondido a éste amando a los hermanos. Los santos son ejemplos y estímulo, compañeros de camino e intercesores… Sí, podemos ser santos en el día a día respondiendo a nuestra vocación. Sí, también tú y yo.  

 

+ Mons. Antonio Valín Valdés 

Obispo de Tui-Vigo