11 de abril de 2026,
San Estanislao

Artículo de opinión publicado en el periódico Atlántico Diario

25 de julio de 2025

 

Galicia celebra su día grande el 25 de julio, en la fiesta del apóstol Santiago. Lo hacemos en este tiempo marcado por la incertidumbre, la crispación social, la dura violencia de tantas guerras incomprensibles, la corrupción, y tantas cosas que oscurecen el horizonte de muchas personas.

Sin dejar de ser esto verdad, el mensaje que nos transmitió el apóstol Santiago y todo cuanto suscitó la devoción jacobea en la historia adquiere, en esta celebración, un valor especial: poder ser un faro de esperanza, un espacio para el reencuentro, la vuelta a las propias raíces y la paz.

La fiesta de este día nos habla de tradición de fe, compromiso evangelizador, sentido para la vida. E, también, una expresión honda de la identidad de un pueblo que, a lo largo de la historia, supo mantenerse fiel a sus raíces sin cerrarse al mundo; por el contrario, Galicia tierra de caminos y cruces de culturas, se convierte en este día en un símbolo que el ser humano puede construir cuándo camina junto a los demás, cuando tiende puentes, buscando un sentido para la vida, el bien común, la verdad y la belleza.

El Día de Galicia es celebrar la lengua que nos une, la cultura que nos define, la espiritualidad que nos sostiene y de la hondura que somos. Es, también, una oportunidad para recordar que nuestra tierra puede —y debe— seguir ofreciendo canales de diálogo y entendimiento en un mundo tan fracturado. Santiago nos hablan de meta del Camino, de lugar de acogida, de dar forma al espíritu: aquí confluyen historias, silencios, creencias y esperanzas. Aquí, cada paso es un puente y cada caminar se transforma en un encuentro, y ese espíritu de apertura, de hospitalidad, de paz, es también parte esencial de lo que hoy celebramos.

La celebración solemne en la Catedral compostelana, con la tradicional ofrenda al apóstol, reúne a creyentes, instituciones, peregrinos y millares de personas que encuentren no solo un destino, una meta, sino un espacio abierto al Otro y a los otros. Un lugar donde la fe y la cultura se entrelazan, donde la tradición ser convierte en diálogo y donde el pasado ilumina el presente y un futuro posible.

En este 25 de julio, Galicia se vuelve a mostrar cómo aquello que siempre fue: una tierra que acoge sin preguntar, que habla con palabras propias, que busca sentido en un tiempo que parece perderlo. Un lugar desde el que volver a creer que hay caminos para la esperanza, mismo cuando muchas cosas alrededor invitan al escepticismo, porque en el fondo, y dándole sentido, está Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida, que llamó y llama a seguir sus huellas, y que puso a andar por ese camino a tantos y tantas a lo largo de la historia.

Celebrar el Día de Galicia es recordar que aún es posible confiar en lo mejor de la humanidad, porque, desde su silencio profundo y su palabra sabia, nuestra tierra, sigue ofreciéndole al mundo algo esencial: la posibilidad de un encuentro que reconcilie, una cultura que nos une e identifica, una espiritualidad que despierta las conciencias y en los invita a ser próximos de todos.

¡Feliz fiesta a todos y todas, en este día y siempre!

 

+ Mons. Antonio Valín Valdés

Obispo de Tui-Vigo