30/11/2020

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San Andrés

A Casa da Nosa Señora da Saúde: un centro de acogida y un albergue escondidos en Teis

A Casa da Nosa Señora da Saúde: un centro de acogida y un albergue escondidos en Teis

Mañana, domingo 25 de octubre, se celebra el día de Día de Personas Sin Hogar en la que Cáritas, junto con otras entidades españolas, trata de visibilizar la problemática de un sector grande de la población en riesgo de exclusión social: personas sin vivienda o con recursos mínimos para vivir dignamente. Este año, «No tener casa mata» se ha convertido en el lema principal de la campaña.

Cáritas trabaja apoyando y acogiendo anualmente a cerca de 40.000 personas en situación de sin hogar acompañadas a través de los proyectos desarrollados en todo el país. Se trata de un dato significativo que contrasta notablemente con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que se remontan al año 2012, según el cual España contaba con cerca de 23.000 personas sin hogar, de las cuales 1.903 se cifraban en Galicia.

Este 2020, Cáritas denuncia la gravedad de la situación, ya que se estima que en España cerca de 800.000 hogares y 2,1 millones de personas sufren situaciones de inseguridad en la vivienda, es decir, que constituyen un colectivo en riesgo de exclusión social (VIII Informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social en España).

En el Concello de Vigo, diferentes entidades, dentro y fuera de la iglesia, tratan de luchar contra esta realidad social entre las que se encuentra el patronato de la Fundación Santa Cruz, perteneciente al Arzobispado de Barcelona, de la cual es vicepresidente nuestro obispo, Luis Quinteiro Fiuza. La Fundación dirige A Casa da Nosa Señora da Saúde en Teis, que consta de un centro de acogida y un albergue, cuya gerencia recae desde hace dos años en la primera mujer seglar, Soledad Pomar.

Tanto en el centro de acogida como en el albergue, trabajan un total de 26 personas entre personal de limpieza, sanitarios, trabajadores sociales, integradores y educadores. El pasado año, habían conseguido atender a más de 90 personas en el centro de acogida y a 487 diferentes, en el albergue. Soledad explica que, en circunstancias normales, el centro goza de mucha vida pues los usuarios suelen tener multitud de talleres para trabajar la autonomía y salidas los fines de semana. Pero el coronavirus ha transformado esta realidad.

La pandemia complica la situación

«La pandemia nos ha pillado a los centros con los recurso que tenemos y ha sido complicado organizar», declara Soledad. Desde el 14 de marzo, día en el que se instauró el Estado de Alarma, han vivido confinados las 24 horas hasta el día de hoy, pues los usuarios, que solo pueden salir acompañados por un trabajador del centro, forman parte de un colectivo muy vulnerable considerado población de riesgo frente al COVID-19 por enfermedades como la hepatitis o el VIH.

Continúan permitiendo visitas pero con una medidas de seguridad muy rigurosos para cumplir los protocolos establecidos por la Consellería de Traballo Social y el Sergas, al cual agradecen su apoyo durante estos momentos. También se han visto obligados a reducir la capacidad de acogida, reservando un ala entera para posibles positivos. Por descontado, confinamiento se ha extendido al albergue que, en contexto pre-COVID, ofrecía servicio a personas con riesgo de exclusión social desde las 17:00 hasta las 09:00.

Agustín, trabajador social de A Casa da Nosa Señora da Saúde, explica que «antes venían y entraban por la puerta. Ahora, hay que preguntar si están dispuestos a estar confinados 24 horas y solicitar una PCR. Mucha gente que llama por teléfono no puede estar confinado, porque están buscando trabajo o participando en cursos de formación», dos condiciones imprescindibles para quienes se benefician de prestaciones sociales como la RISGA. En este sentido, el COVID ha traído muchos cambios para esta institución, empezando por la ocupación ya que se han visto obligados a reducir las camas en las habitaciones, pasando de cuatro a tres, para garantizar la ventilación.

En medio de todas estas circunstancias, Soledad y a Agustín se muestran unánimes ante las necesidades más acuciantes de la institución: más recursos económicos para contratar más personal y dar una mejor atención a los usuarios. «A mí me encantaría poder darle la acogida a un usuario teniendo la satisfacción de que sale de calle y encuentra un empleo», explica Pomar antes de añadir «estoy súper orgullosa de todos los trabajadores del centro que hacen más de lo que deben».

La formación como eje principal

Desde 2019, la dirección de la institución de Nosa Señora da Saúde ha apostado por la formación de los usuarios como un eje principal de la actividad. El año pasado, 48 personas, de las cuales más del 80% contaban con alguna discapacidad, se beneficiaron  de los tres cursos que ofrecían: Competencias Clave, Alfabetización Digital Nivel Básico y Alfabetización Digital Nivel Medio.

Actualmente, quieren potenciar esta línea de acción que resulta imprescindible para contribuir a que muchas personas salgan de calle. Si la pandemia lo permite, pronto comenzarán colaboraciones con la oficina de Empleo de Cáritas, sumando un nuevo recurso a los que ya tienen.

«La calle son historias» para acompañar

El albergue comparte recursos y personal con el centro de acogida, razón por la cual cuidan mucho el perfil de los usuarios que han de ser personas independientes, ya que sólo cuentan con un vigilante y un trabajador social para atender 38 camas.

Más allá de esta cuestión práctica, el perfil de los usuarios que acude a las puertas del albergue de A Casa da Nosa Señora da Saúde es muy variado: desde personas de 70 años con hijos trabajadores; hombres de mediana edad divorciados y desempleados; mujeres maltratadas sin vivienda; hasta jóvenes veinteañeros que han pasado por centros de menores. La mayoría tienen grandes problemas de salud mental, como trastornos de la personalidad o esquizofrenia, de los que muchas veces «no son conscientes o no se quieren tratar», explica Agustín.

Más del 80% de los casos tienen derecho a una prestación que desconocen y solo el 30% de los usuarios han pasado cinco o siete años en la calle haciendo “el carril” (trasladarse de albergue en albergue, sin vivienda ni trabajo). Este último caso lo forman personas con grandes dificultades sociales para convivir o seguir unas normas, de ahí que prefieran elegir la calle; decisión que «hay que respetar» en palabras del trabajador social del albergue.

Para Agustín, «la calle son historias» que acompañar. En este sentido, explica: «yo en la entrevista siempre les digo: no estoy aquí para juzgarte; eres un adulto y eres muy libre, cuéntame lo que tú quieras». A sus palabras se suman las de Soledad que es consciente de que el albergue «es como un puente para entrar en otros recursos».

Todavía no han hecho la memoria pero estiman que, en lo que va de año, han pasado 198 personas diferentes por el albergue, de los cuales más del 80% accedían por primera vez a este recurso. Se trata de personas que rondan entre los 40 y 50 años, desempleados con ERTES, afectados por la crisis provocada por el coronavirus.

Acompañados también en lo espiritual

Además del seguimiento que llevan a cabo los trabajadores sociales, el acompañamiento espiritual constituye un pilar para los usuarios del centro de acogida. El obispo, Luis Quinteiro, ha designado a un sacerdote como capellán del centro, pero con en el contexto sanitario actual este acompañamiento se ha visto paralizado.

«Los usuarios echan muchísimos de menos al misionero que habitualmente celebraba la Eucaristía», explica Soledad. Aunque los actos religiosos no son obligatorios, los propios usuarios lo demandan.

Crece el reparto de comida

Además del centro de acogida y del albergue, A Casa da Nosa Señora da Saúde continúa con el reparto de comida y el ropero. En 2019, conseguían lavar más de 67.000 quilos de ropa y ofrecer más de 100.000 servicios de comida.

Precisamente, este servicio de reparto de comida quincenal ha experimentado un crecimiento enorme en los últimos meses, pasando de 60 a 107 familias beneficiarias solo en la zona de Teis y el Calvario. Para acceder a este recurso, las familias deben ponerse en contacto con su trabajador social de referencia, quien se responsabiliza de introducirlos en el Plan de Alimentos coordinado por el Concello.

La mayor parte de estos beneficiarios son familias monoparentales que se han visto afectadas por un ERTE cuya cuantía continúan sin recibir, en las que la mujer es la cabeza visible. Tanto Soledad como Agustín conocen de primera mano la realidad de cada familia porque «tenemos contacto directo con ellas pues les llevamos el paquete a casa, sobre todo si tienen hijos, para no estigmatizarlos», explica Pomar.

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