El verano es la época típica para hacer planes con los amigos. ¿Qué lleva a una joven de un colegio concertado a decidirse a participar en una peregrinación a Roma con otros jóvenes que apenas conoce? Cuando la delegación de Pastoral Juvenil y Universitaria de la diócesis de Tui-Vigo presentó el viaje al Jubileo de la Juventud en Roma en el colegio San José de Cluny, Corina Alejandra de Jesús, a sus dieciséis años, lo tuvo claro: «me decidí a participar porque buscaba encontrar esa cercanía con Dios que veo en otra gente y, también, porque quería crecer como persona».
La aventura comenzó mucho antes de llegar a Roma, antes incluso de subirse al autobús con más de cincuenta jóvenes de la diócesis de Tui-Vigo. El 10 de julio asistió al primer encuentro que la delegación organizó para que los jóvenes pudiesen conocerse, previamente. «Fui sin muchas expectativas, pero salí encantada porque la gente fue maravillosa. Durante la eucaristía de ese día, me encontré con un montón de jóvenes apasionados, con una sonrisa de oreja a oreja», expresa el rememorar lo que ha supuesto esta experiencia.
Desde el 27 de julio y hasta el 7 de agosto, compartió “hogar” con esos mismos jóvenes —ya no tan desconocidos—, que la acompañaron en el recorrido por las diferentes ciudades italianas que visitaron hasta llegar a Roma. Unos días en los que «he podido ser yo misma y me sentido apreciada. Me gusta ver a la gente feliz».
Además de impresionarle la belleza de las iglesias italianas, que manifiesta y refleja la belleza de la creación divina, uno de los momentos que más le ha marcado fue el Encuentro de Españoles, que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro. Allí pudo compartir la fe con miles de jóvenes que, como ella, buscaban encontrar a Cristo en sus vidas.
Durante el 2 y 3 de agosto, el grupo asistió en Tor Vergata al encuentro con el papa León XIV. Entre millones de jóvenes, no tuvo oportunidad de verlo de cerca, pero «a pesar de que el papa estuviera lejos, nosotros lo sentíamos cerca igual», explica emocionada.
Una peregrinación que comenzó con el deseo de sentir la cercanía de Dios acabó siendo una experiencia mucho más profunda: descubrir una fe que es compartida por miles de jóvenes. «Estoy super agradecida porque me siento abraza por la Iglesia. Literalmente, es una de las mejores experiencias que he podido tener», concluye a su regreso.
Corina Alejandra de Jesús, colegio San José de Cluny

