El martes 3 de febrero, festividad de S. Blas, a las 14:00hrs. se celebrará una Eucaristía en la capilla del Hospital Álvaro Cunqueiro, en honor del patrono de los otorrinolaringólogos. A esta Eucaristía están invitados todos los profesionales del hospital y cuantas personas deseen compartir este momento de encuentro, acción de gracias y comunión.
La Iglesia celebra a San Blas, obispo y mártir, y lo venera desde hace siglos como protector de las afecciones de la garganta. No es casual, por tanto, que sea reconocido como patrono de los otorrinolaringólogos, profesionales que cada día cuidan una de las dimensiones más delicadas de la salud humana: la voz, la respiración, la audición, la comunicación.
En el hospital, donde la ciencia y la técnica conviven a diario con el sufrimiento y la esperanza, celebrar al patrono no es un gesto folclórico ni una tradición vacía. Es, ante todo, un acto profundamente humano.
Un santo cercano a la fragilidad humana
La tradición cristiana recuerda a san Blas como un médico del cuerpo y del alma, atento al dolor concreto de las personas. El conocido episodio de la curación de un niño que se ahogaba por una espina atravesada en la garganta lo convirtió, con el paso del tiempo, en intercesor de quienes padecen enfermedades relacionadas con esta zona tan vital. Más allá de la historicidad del relato, el símbolo es claro: cuidar la vida cuando está en riesgo, especialmente en lo pequeño, en lo aparentemente invisible.
Celebrar al patrono crea comunión
En un entorno hospitalario exigente, marcado por la presión asistencial, los turnos, las guardias y la toma constante de decisiones complejas, detenerse para celebrar juntos tiene un valor enorme. La celebración del patrono:
- Refuerza la identidad del equipo, recordando que no se trabaja solo, sino en comunión con otros.
- Fomenta la gratitud, reconociendo una vocación que no es solo técnica, sino también profundamente humana.
- Cuida las relaciones, creando un espacio distinto donde médicos, personal sanitario y no sanitario se encuentran desde otro lugar, más gratuito y compartido.
Celebrar juntos no resta profesionalidad; al contrario, humaniza la profesión y fortalece los vínculos que luego se traducen en una mejor atención al paciente.
Una misa por y con los profesionales
La misa en honor a san Blas no es solo una oración “para creyentes”. Es una oportunidad para poner en común el trabajo diario, las alegrías y las cargas, pedir luz para las decisiones clínicas, fortaleza en el cansancio y consuelo para quienes acompañan el sufrimiento ajeno.
En definitiva, celebrar al patrono es recordar que la medicina no es solo un ejercicio técnico, sino una vocación de servicio, y que cuando un equipo celebra unido, también cuida mejor.
Que san Blas interceda por todos los otorrinolaringólogos y por quienes, desde el hospital, trabajan cada día para que la vida pueda seguir siendo escuchada, respirada y pronunciada.
José Juan Sobrino Pino (Capellán del Hospital Alvaro Cunqueiro)