Desde la época monástica, el santuario de A Franqueira celebra, como es tradicional, la romería de las Pascuillas. Se trata de una manifestación de fe y devoción que recibe, en el hogar de la Madre de Dios y convoca en oración en un Cenáculo de siglos, a los discípulos que viven con alegría los dones recibidos del espíritu santo en Pentecostés. El día, proclamado por el papa Francisco, de feliz memoria, con la festividad de la virgen María, madre de la Iglesia, encuentra en este lugar su simbolismo más auténtico, haciendo visible a través de la piedad popular el sentido del que significa vivir como Iglesia en camino.
65 imágenes vinieron portadas por los fieles de sus parroquias, lo que convierte la Romería en la mayor concentración de imágenes del mundo rural gallego. Hacer el camino no so es salir y llegar, sino que es fruto de una labor de preparación y de una carga emotiva de la herencia recibida por los mayores. Una preparación que lleva meses ilusionando las parroquias. Salir y caminar haciendo camino juntos, rezando y haciendo parroquia, sabiendo que la meta es la imagen de Nuestra Señora que permanece en su carro procesional, signo de una encarnación de nuestra identidad más honda. Hacer juntos la subida, dura y nada fácil, que a muchas parroquias pequeñas muestra el descenso de la población, pero que, como una piña son ayudados por los más nuevos recibiendo el compromiso de que no podemos fallarle a los nuestros. Ser Iglesia lleva consigo la corresponsabilidad de una labor comunitaria.


Acogernos en el camino. A lo largo de la peregrinación las comitivas se van encontrando y se realizan los rituales de saludos, cortesías o reverencias con la cruz, el pendón, estandarte y la imagen. Todos somos respetados y nadie queda sin el saludo alegre y festivo. Encontrarse en el camino hace que nadie quede atrás, sino que, como Iglesia, nos identificamos en el mismo labor. La gratuidad y la colaboración mutua rescata en una sociedad individualista y competitiva que lo importante es que todos lleguemos la meta.
La eucaristía, presidida por el obispo don Antonio Valín, pastor de todas estas parroquias, y concelebrada por los párrocos, es, una vez más, la fuente y la cumbre de un pueblo que celebra la fe. Este año realizó la ofrenda la parroquia de San Martiño de Barcia de Mera. Es tradición que, realizada la sementera, pongamos a los pies de la virgen María los frutos de la tierra. Como una metáfora de los frutos que esperamos que vayan creciendo en nuestra vida por el impulso de Espíritu. Frutos que se traducen en paz y armonía, en alegría y fiesta, en fraternidad y caridad. Siempre se tiene un recuerdo especial para los pobres, y este año se realizó la recogida del mendigo a los pies de la virgen en el Outeiro para destinarla a Cáritas Jerusalén, uniendo así nuestra oración por la paz y la entrega por los que sufren las consecuencias de las guerras. Fueron cerca de 5.000 comuniones las que se distribuyeron en las celebraciones del día, y que nos hace una idea de la magnitud de esta romería.


La gran procesión hasta el santuario es signo de que estamos más unidos, después de celebrar la misa, y dispuestos a volver llevando un mensaje de amor y vitalidad. Regresar, entrando a lo largo de la tarde a despedirse de la patrona proclamando, «adiós Virgen de la Franqueira» es un deseo de que no marchamos pues los corazones quedan más amarrados que nunca a «nosa naiciña, divina fonte de gracias», donde vinimos a saciar la sede de comunión y amor.
Vuelven la casa los romeros, muchos acompañados por el resonar en el alma de las coplas cantadas y diciendo con el corazón lleno de lágrimas de alegría que para el año estaremos junto a ella.
La Romería comienza en el amanecer y finaliza en el atardecer llegando, cansados pero contentos, al hogar de nuestras parroquias y mirando los rostros de las imágenes peregrinas y pensando, nuestra santiña también miró con cariño a quien fue y a los que volvemos.


No quiero finalizar este relato sin olvidarme de las muchas y muy entregadas personas que se comprometen y se entregan por amor a que todo salga ven. Mucho trabajo para que las cosas funcionen. También un recuerdo a la parroquia de Guillade que tuvo que vivir la dureza del fallecimiento de su vecino Leo en el camino de subida. DIP. Y los agradecimientos a las autoridades civiles que hacen posible el orden y los cuerpos de seguridad, así como los sanitarios.
Hasta el año
Javier Alonso Docampo, párroco de Santa María de A Franqueira




