Hoy, miércoles 16 de abril, a la hora del Ángelus, la catedral tudense de Santa María acogió la celebración de la Misa Crismal, presidida por el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, que también contó con la presencia del obispo emérito, monseñor Luis Quinteiro, y con miembros del cabildo catedralicio, sacerdotes, diáconos, religiosos, peregrinos y fieles diocesanos. Durante la celebración, los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso con Cristo y su vocación ministerial.


El obispo de Tui-Vigo expresó que la misa crisma siempre «fue un momento importante; en esta ocasión, la celebro con especial emoción por ser la primera que comparto con vosotros». Monseñor Antonio Valín, que fue ordenado obispo y tomó posesión de su cargo al frente de esta diócesis hace ya nueve meses, declaro que «este presbiterio ya es mi familia y esta diócesis mi casa. Me doy cuenta de lo bendecido que soy por esto y vale la pena entregar la vida, las ilusiones y los sueños por todos vosotros: Iglesia santa de Tui-Vigo».
La Misa Crismal es una ocasión en la que toda la diócesis —sacerdotes, vida consagrada y seglares— es convocada «en torno al obispo para manifestar la comunión y el compromiso con la Iglesia y la sociedad que peregrina aquí», manifestó el prelado tudense. Para el presbiterio, también constituye «una oportunidad para renovar las promesas de nuestro sacerdocio; es el momento adecuado para volver al amor primero y al día de nuestra ordenación; una oportunidad para pensar sobre nuestra razón de ser sacerdotes, ver nuestras motivaciones y renovar nuestro sí, para responder mejor a los retos que se presentan en nuestro ministerio y en la Iglesia en cada momento».


Tal y como subrayó el obispo de Tui-Vigo, la renovación de las promesas sacerdotales supone reafirmar «nuestra vocación de discípulos misioneros, de caminantes que salen al encuentro de Cristo, presente en las calles, pueblos y ciudades Por eso lo hacemos delante del pueblo, y con el pueblo, para que sean testigos de nuestro compromiso».
Monseñor Antonio Valín mostraba también su preocupación por el sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana: «en esta celebración estamos llamados a renovar nuestro don y sentimiento de ser de esta Iglesia local. Somos llamados a evangelizar aquí, con este presbiterio y en estas comunidades. Tenemos que descubrir cada día el don de la fraternidad. Me gustaría que todos nos sintiéramos hermanos». En este sentido, el prelado expresó su deseo de crecer «siempre en la capacidad de acogida, respeto y cariño mutuos; que nadie se sienta solo, olvidado; en el ir sintiéndonos necesitados unos de otros, hermanos tanto en la vida como en el trabajo pastoral».


A las puertas ya de las celebraciones del Triduo Pascual, monseñor Antonio Valín también agradeció la entrega pastoral y el ministerio de todos los sacerdotes: «gracias por vuestro servicio, por tanto bien silencioso que hacéis, por el perdón y el consuelo que transmitís en el nombre del Señor. Algunos atendéis varias parroquias, multiplicándoos, haciendo lo posible por servir al pueblo de Dios».
La homilía finalizó con un recuerdo para todos aquellos sacerdotes que no pudieron asistir a la celebración, por los fallecidos en el último año, los que están fuera en alguna misión, los enfermos y los que están pasando alguna debilidad. Para todos ellos, el prelado deseo que «sientan hoy la comunión de este presbiterio».
Antes de finalizar la celebración, el obispo consagró el crisma —por eso, “misa crismal”—, que es utilizado para signar a los bautizados y aquellos que reciben el sacramento de la Confirmación, ungir en las manos a los que serán ordenados presbíteros, y en la cabeza a los que serán consagrados obispos, así como para la dedicación de una iglesia o de un altar. También bendijo los óleos o aceites que se usarán para administrar los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de Enfermos en las diferentes parroquias de la diócesis a lo largo de todo el año.


Esta celebración es considerada como una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo y es también signo de la estrecha unión de los sacerdotes con él y, en la diócesis de Tui-Vigo, es la antesala del resto de celebraciones litúrgicas de la Semana Santa.