4/10/2022

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San Francisco de Asís
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San Francisco de Asís
«El cambio fue celebrar la Eucaristía, sostener al Señor en mis manos y descubrirme sostenido por él»

«El cambio fue celebrar la Eucaristía, sostener al Señor en mis manos y descubrirme sostenido por él»

Cuando a Juan de Olazábal le preguntan cómo surge su vocación, sin apenas dudarlo, explica que experimento la elección del hijo pródigo, aquel que se marchó de casa con la herencia y regresó cuando ya no le quedaba nada.

Su historia es la de un joven a quien, tras participar de manera imprevista en la Jornada Mundial de los Jóvenes de 2011, le quedaron interrogantes sin respuesta “¿qué quieres de mí, Señor?”. La pregunta quedó oculta bajo las tareas diarias como estudiante de Derecho y más tarde como abogado, hasta que después de algún tiempo regresó a casa, a Vigo, y le tocó vivir un periodo de paro que experimentó «desde la perspectiva de la Gracia; desde un tiempo de silencio, de respuesta a esas preguntas que estaban siendo olvidadas y enterradas», declara, «hasta que una noche que yo estaba completamente perdido, me sentí profundamente mirado por el Señor; y en esa mirada descubrí el saberme amado».

A partir de ese momento, lo compartió con sus padres que, desde el primer momento, acogieron su vocación y lo acompañaron, convirtiéndose en grandes pilares. Sus amigos tampoco se sorprendieron y en general «todos, a su manera, me han acompañado. Nadie ha rechazado mi respuesta». Para este joven, «responder al Señor siempre es bien acogido. Y si no lo es al momento, es tiempo de reencuentro».

Juan de Olazábal se ordenó sacerdote el 7 de julio de 2019. En poco más de un año como presbítero, ha compaginado su labor como vicario parroquial de San Ignacio de Loyola, de San Salvador de Teis y de Nosa Señora de As Neves, con sus responsabilidades como delegado de Catequesis. 

Para él, lo mejor de ser sacerdote, sin duda es Cristo. Lo peor, «esa conciencia de pecador, de don inmerecido, ese tener que ir muriendo a uno mismo porque muchas veces las barreras nos las ponemos nosotros. Nosotros somos el mayor obstáculo para la obra que Él quiere realizar».

¿Qué sentiste el primer día después de ordenarte?

Siempre se nos dice que no va a cambiar nada, que vas a seguir siendo tú. No vas a ser lo mismo, pero vas a ser el mismo. Para mí, el cambio fue celebrar la Eucaristía, sostener al Señor en mis manos y descubrirme sostenido por él.

Sobre todo, descubrí que mi ministerio tiene que ser al servicio del hermano. Sentí una gran emoción y esa ilusión de seguir caminando; de entender que no es una meta, sino un comienzo.

Durante este año como sacerdote, te habrás encontrado con muchas dificultades, ¿cómo se mantiene la ilusión?

Uno siempre encuentra dificultades en el camino, pero esa emoción inicial se actualiza en el día a día. Cada vez que celebro la Eucaristía, recuerdo aquella primera misa celebrada después de mi ordenación —aunque realmente la primera misa siempre es la que concelebras el día de tu ordenación—.

Uno también es consciente de sus limitaciones, por eso termina encontrándose con ellas y aprendiendo a abrazarlas. Así descubres que el ministerio no es para ti, sino tu camino de servicio, y que habrá dificultades, pero, ante todo, hay quien te sostiene en ellas.

Juan de Olazábal, en su oficina en el Obispado

¿Cómo es ser delegado de Catequesis?

Muchos documentos hablan de que ser catequista es vocacional y ser catequista para un presbítero también es vocacional porque va dentro de su propia vocación como presbítero. El presbítero es catequista y debe catequizar con su propia vida y su predicación.

La delegación de Catequesis es un servicio que uno trata de prestar con lo mejor de sí, pero consciente de que siempre es necesario una formación en ese campo que te ayude a desarrollar la labor. Para mí es uno de los proyectos que quisiera fortalecer este año, que no fuera una responsabilidad exclusiva del delegado, sino constituir un equipo.

Vivimos un tiempo en el que resuenan mucho las palabras sinodalidad y corresponsabilidad, especialmente en el ámbito  de la catequesis, porque es un ámbito prioritario para la evangelización y la misión de la Iglesia. Por eso, ahí se necesitan personas vocacionadas, personas que sientan esa atracción al mundo de la catequesis y a constituir un equipo en el que uno pueda descansar. No en el sentido de despreocuparse, sino de saber que a donde uno no llega está el otro.

En este sentido, la delegación de Catequesis lleva años colaborando con las otras delegaciones de Galicia, abiertos a la eclesialidad. Allí hay personas muy destacadas y preparadas que siempre te enriquecen y te ayudan a desarrollar esta labor.

 

Además de delegado de Catequesis, también eres vicario parroquial, ¿cómo consigues compaginar tus diferentes tareas sin perder la mirada en Él, en el que te sostiene?  

Lo más importante es, precisamente, ese ser presbítero: el tiempo de oración, de la celebración de los sacramentos, esa oración de la liturgia… Todo eso no se debe pervertir, desvirtuar, porque muchas veces nos sumimos en la vorágine y si tú previamente no has tenido ese tiempo de descanso en el Señor, precisamente en tu vida de ministerio presbiteral, el resto no va a ser fecundo.

Descubres que el ministerio no es para ti, sino tu camino de servicio, y que habrá dificultades pero, ante todo, hay quien te sostiene en ellas.

Se compagina tratando de servir en aquellos cometidos que se te han encomendado pensando que, la razón por la que te levantas cada mañana es tu compromiso presbiteral y, a partir de ahí, dando respuesta a cada una de las funciones. Cuando uno tiene múltiples cometidos es difícil dar la respuesta que cada uno querría a cada uno de ellos, pero ahí también está la aceptación de los propios límites, que no sean una barrera que te impida dar lo mejor de ti, sino un aliciente para ofrecerlo con la ayuda de su Gracia, del Espíritu.

Ciertamente, uno está muy acompañado. Siempre sabes a quién puedes acudir y en quién puedes descansar. Aquí tenemos un presbiterio muy rico y donde yo no llego, otro se presenta.

Juan de Olazábal, en su oficina en el Obispado
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