27/11/2022

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Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
27/11/2022

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Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa
Escuchar con el corazón

Escuchar con el corazón

“A un ilustre médico, acostumbrado a curar las heridas del alma, le preguntaron cuál era la mayor necesidad de los seres humanos. Respondió: “El deseo ilimitado de ser escuchados”. Ese deseo interpela a todos los que estamos llamados a ser educadores o formadores, o que desempeñamos “un papel de comunicador: los padres y los profesores, los pastores y los agentes de pastoral, los trabajadores de la información y cuantos prestan un servicio social o político”. Así se expresa papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que hoy, en la fiesta de la Ascensión, celebra la Iglesia universal.

El pasado año con ocasión de esta jornada,  en la que se aborda algún aspecto referido a la comunicación,  reclamaba el Pontífice a los profesionales la  necesidad de “ir y ver” para descubrir la realidad y poder contarla a los destinatarios desde su experiencia real de los acontecimientos y del encuentro con las personas; en esta ocasión se subraya otro verbo imprescindible tanto en la comunicación interpersonal como en la de los mass media: escuchar, “decisivo en la gramática de la comunicación y condición para un diálogo auténtico”.

Después de una breve pero deliciosa excursión por los episodios bíblicos en los que se destaca el estilo humilde de Dios que se abaja para revelarse al hombre a quien ha creado a su imagen, y que incluso “inclina el oído” para escucharle, el mensaje del papa subraya que nosotros estamos forzados a escuchar, como únicos en la creación necesitados de estar en relación con los otros y con el Otro. Puesto que “no estamos hechos para vivir como átomos, sino juntos”. De ahí que los obispos españoles en su mensaje en sintonía con el del papa impliquen a todos en el papel de comunicar: “Todos compartimos esa misión, de un modo o de otro, porque vivir en relación es vivir en comunicación y es verdad que, solo por estar juntos, ya se produce un caudal importante de comunicación”.

Y para una diáfana comunicación reclaman la importancia tanto de hablar como de escuchar: “no se comunica quien sólo escucha, ni comunica quien sólo habla, recuerdan. De hecho, se precisan mutuamente; para escuchar es preciso que alguien hable, que alguien transmita, pero para hablar con fundamento es preciso antes haber escuchado. Sólo así se produce el diálogo que vivifica la sociedad y la hace crecer”.

Resulta muy sugerente esta sinestesia agustiniana que nos propone la Iglesia de “escuchar con el corazón”. Consiste en abrirse a la escucha de dos realidades imprescindibles: “la escucha de Dios y la escucha de los tiempos, de la sociedad en que vivimos”. Y nos lo aclaran de este modo: “la escucha de Dios no solo sostiene la vida personal, la ilumina, le da horizonte y sentido, la llena de esperanza y de futuro”. Ha de juntarse a la otra escucha que es “mirar el mundo, escucharlo con los oídos del corazón, (y que) lleva inevitablemente a poner en el centro a los que sufren, a quienes están solos, a los enfermos, a los tristes”.  Una escucha con el corazón no puede dejar pasar de largo el sufrimiento humano, sino que ha de acogerlo y acompañarlo.  En este sentido precisan y advierten los obispos que para los periodistas y en general para el mundo de la comunicación tal escucha resulta imprescindible: “Los comunicadores tienen como misión dar a conocer el sufrimiento para que pueda ser atendido. Por eso su lugar está tantas veces con los desfavorecidos”, descubriendo y sacando a la luz a los olvidados de la sociedad, a los prójimos que están ocultos e invisibles, aunque hacer oír los gritos de muchos silenciados en la sociedad, “en algunos casos cuesta la vida”.

La última parte del mensaje está dedicada, por ello, a agradecer -¡de todo corazón!-, la actitud manifestada a diario por aquellos comunicadores que, en el ejercicio de la profesión, son escuchadores con el corazón: “aquellos que ofrecen un periodismo sin prejuicios, un periodismo que escucha con sinceridad la verdad, que se asoma a la vida cotidiana de las personas, que escucha la voz de la justicia que se hace presente en tantos acontecimientos y que, a través de ellos, es ofrecida y conocida”. Y desde la actualidad explicitan “igual agradecimiento a todos aquellos muertos por comunicar, por ejercer la noble e imprescindible profesión del periodista, en Ucrania, en México y en los muchos conflictos olvidados de este mundo”. ¡Amén!

Mons. Alberto Cuevas Fdez.

Sacerdote y periodista

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