No marco da Semana de Oración pola Unidade dos Cristiáns, a delegación de Ecumenismo e Relacións Interconfesionais da diocese de Tui-Vigo organizou un encontro con representantes de la Iglesia ortodoxa, anglicana e evanxélica, o xoves 23 de xaneiro, na concatedral-basílica de Santa María en Vigo. Á cita tamén acudiu Mons. Antonio Valín, bispo de Tui-Vigo, que manifestou o desexo «de ser familia e seguir xuntos a Xesús. Facémolo desde distintas tradicións, costumes e comunidades, pero visibilizando a chamada á unidade» e agradeceu a presenza de todas as confesións cristiás que se congregaron no templo.
Durante o encontro, leuse o «Manifesto pola Unidade dos Cristiáns» co que as diferentes confesións mostran a súa vontade de traballar para que a esperanza deste ano Xubilar 2025 fágase realidade a través dun compromiso efectivo pola unidade. Así, entre os cinco compromisos expresados destacan os encontros ecuménicos con periodicidade mensual, así como o interese por propoñer novas iniciativas de colaboración que favoreza o intercambio e o mutuo enriquecemento espiritual e intelectual. O manifesto concluía afirmando que, «neste mundo dividido, a nosa unidade é un testemuño poderoso do amor de Cristo» e convidando a outros a «a unirse na procura da unidade, a reconciliación e a paz, reflectindo así o corazón do noso Señor e Salvador do mundo».
Nesta ocasión, a Semana de Oración pola Unidade dos Cristiáns celebrouse no marco de dous grandes acontecementos: o Ano Xubilar 2025 e a conmemoración dos 1.700 anos do Concilio de Nicea que proclamou a fe profesada no credo que une aos cristiáns que confesan o misterio de Deus un e trino. Na súa mensaxe con motivo deste octavario, os bispos da Conferencia Episcopal Española tamén subliñaron que «hoxe, como sempre, necesitamos unha linguaxe común da fe, sen o que será moi difícil salvar a unidade de fe das Igrexas e a reconstrución da unidade visible da unha, santa e católica Igrexa».



Manifiesto por la Unidad de los Cristianos
Celebración ecuménica «¿Crees esto» — Vigo, 23 de enero de 2025
Nosotros, cristianos de diversas tradiciones de fe —Católica, Ortodoxa, Anglicana y Evangélica—, nos reunimos en un espíritu de amor y respeto mutuo para proclamar este Manifiesto por la Unidad. En un mundo marcado por la división, el odio y la polarización, sentimos la urgente necesidad afirmar y afianzar nuestro compromiso por la unidad en Cristo, quien es nuestra paz y reconciliación (2 Co 5, 18-19; Ef 2, 14-16; Col 1, 19-20).
Estamos convencidos de que el amor fraterno y el diálogo son imprescindibles para la solución de cualquier conflicto, ruptura y crisis que afectan a la Iglesia y a la humanidad. Sabemos que el mayor ejemplo de caridad, en su mensaje y obra, nos lo dejó Jesucristo, quien oró fervorosamente por la unidad y pidió que el amor sea la marca distintiva de sus discípulos (Jn 13, 35; 17,21).
Lograr la unidad entre nosotros, cristianos de diversas comunidades eclesiales, históricamente separadas, es tan importante que lo consideramos un propósito noble y sagrado. Por este motivo, queremos hoy —más que nunca— renovar y fortalecer nuestra voluntad de unidad con el vínculo del amor cristiano, el cual no conoce fronteras ni diferencias eclesiales. Este vínculo de la caridad nos lleva a la paz entre nosotros y al diálogo, que a su vez conduce al entendimiento y al consenso necesarios para perfeccionar la unidad (Rm 12, 18; Col 3, 14-15).
En la actualidad, vivimos en un mundo que se fragmenta por conflictos, ideologías y divisiones. Las guerras, la violencia y el odio son evidencias de una humanidad que ha olvidado su llamado a la unidad, Nosotros, cristianos, tenemos como misión precisamente remar a contracorriente y llevar al mundo lo que este necesita para su sanación y salvación. Nuestro auténtico testimonio siempre será —y cada vez con mayor urgencia— el amor fraterno y la unidad, el diálogo y la fraternidad, la paz y la defensa de la vida (Mt 5, 9; 1 Jn 4, 7).
Asimismo, estamos llamados a proteger y a conservar el gran legado de Cristo a su Iglesia, sus preciosas y magistrales enseñanzas, las verdades de fe que fueron proclamadas por los Santos Apóstoles y custodiadas con gran celo por las primeras generaciones de cristianos. Queremos poner en valor nuestras raíces y preservarlas de os intentos de deconstrucción simplista, de distorsión malintencionada y de toda mentira (Rm 16, 17-18; 1 Tm 6, 20–21; 2 Tm 1, 13-14).
Aceptamos que, aunque somos diferentes en nuestras prácticas y tradiciones, todos formamos parte del mismísimo Cuerpo de Cristo y que es el Espíritu de Dios quien nos irá llevando a todos a una comunión cada vez más plena. Cada uno de nosotros tiene un papel único que desempeñar en la misión de la Iglesia. Amamos y acogemos la diversidad de carismas, ministerios, apostolados, tradiciones, liturgias y demás riquezas espirituales que el Señor ha regalado a su Iglesia (Rm 12, 4-8; 1 Co 12, 4-14; Ef 4, 3-6.11-13).
En fin, percibimos y reconocemos que el Señor nos está pidiendo con más fuerza en este tiempo lo siguiente: que avancemos sin temor hacia la madurez y crezcamos en la amistad espiritual con el fin de unir y no dividir, congregar y no dispersar, acoger y no rechazar, escuchar y no condenar a los que «no andan con nosotros» o «no pertenecen a nuestro grupo» (Lc 9, 49-50). Por todo esto, asumimos los siguientes compromisos:
- Dedicar tiempo a la oración por la unidad de los cristianos, reconociendo que es un don de Dios que debemos buscar con humildad y cuidar con perseverancia. Reunirnos periódicamente para orar y adorar al Señor en unidad, buscando sus sabiduría y amor. Nos comprometemos a un encuentro ecuménico mensual.
- Promover un diálogo abierto y respetuoso entre nuestras tradiciones cristianas, buscando comprender y aprender unos de otros. Favorecer el crecimiento en la fe, en la verdad y en la perfección cristiana entre nosotros, según la gracia y los medios salvíficos de la Iglesia dados por Cristo.
- Colaborar en proyectos y ministerios comunes que reflejan el amor de Cristo y sirven a nuestra comunidad y al mundo, sintiéndonos agentes de la paz y de la reconciliación. Proponer nuevas iniciativas de colaboración, intercambio y mutuo enriquecimiento espiritual e intelectual.
- Unir nuestras voces en el testimonio del Evangelio, proclamando la esperanza, la alegría y la paz que encontramos en Cristo. No tener miedo de promover una evangelización renovada y ecuménica, uniendo nuestras fuerzas para anunciar el Reino de Dios que el mundo necesita.
- Ser evangelizadores de la unidad, fomentar el mutuo conocimiento y hacer visitar fraternales a las diferentes comunidades eclesiales, acogiéndonos los unos a los otros en el amor de Cristo.
Este manifiesto por la Unidad es un llamado a los cristianos del mundo entero, para que todos reconozcamos la importancia y urgencia de buscar la unidad y la comunión, sintiéndonos hijos del mismo padre y discípulos del mismo Señor. En este mundo dividido, nuestra unidad es un testimonio poderoso del amor de Cristo. Que este manifiesto inspire a otros a unirse en la búsqueda de la unidad, la reconciliación y la paz, reflejando así el corazón de nuestro Señor y Salvador del mundo.