Muchas gracias por acogernos en el Pazo de Castrelos, muchas gracias por acompañarnos en este sábado tan importante para nosotros.
Me gustaría empezar contando algo de la historia de Vigo.
Allá por el año 1403 se erigió, donde había estado una iglesia románica, una colegiata Gótica. En el tímpano de la colegiata estaban esculpidas la Anunciación y la Primera Epifanía. El tímpano era único en el arte gallego, tanto por su asimetría, como por su transición estilística y por sus dimensiones colosales, que lo situaban como uno de los tímpanos de sillería gótica de mayor envergadura.
Desde el siglo XV, los vigueses, cuando iban a la Colegiata, estaban acostumbrados a ver la Anunciación y a que luego la Virgen mostrara al recién nacido en la Primera Epifanía, a los extranjeros, a los infieles y a los gentiles, que lo reconocieron tanto y tan bien, que le regalaron: oro como Rey, incienso como Dios y mirra como Mártir.
Sabían, sin necesidad de que el Tímpano se lo mostrase, que la Segunda Epifanía: el Bautismo en el Jordán, donde se muestra al pueblo elegido, y la Tercera: las bodas de Caná, donde se muestra a sus discípulos, ocurrieron 30 años más tarde.
Quizá la mar y la universalidad de la Primera Epifanía, fueron forjando la mentalidad abierta, emprendedora y benéfica de Vigo.
Lamentablemente, hacia 1809 la Colegiata colapsó y su magnífico tímpano desapareció entre los escombros, pero por suerte, gracias a los buenos oficios de nuestro alcalde hace unos años, podemos contemplar su reproducción sobre la puerta del baptisterio de nuestra flamante Basílica de Santa María.
Así, los vigueses y los que nos visitan, pueden ver lo que desde el siglo quince nos enseñaba el tímpano.
Muchas gracias Abel.
Este año ocupó nuestra cátedra monseñor Joan-Enric Vives i Sicilia, Arzobispo, obispo emérito de Urgel y antiguo copríncipe de Andorra, cargo que ocupó durante 22 años.
En lo que va de siglo, 26 predicadores (obispos, arzobispos, cardenales, teólogos, etc.) han predicado nuestra novena y cada uno nos ha mostrado un matiz diferente de nuestra devoción.
Este año, hemos aprendido que el Amor de Dios es poliédrico; tiene múltiples facetas y matices; es incondicional y misericordioso; es providencial y protector; es justo y formador; es transcendente e inmanente; es comunitario y universal.
Gracias don Joan-Enric por sus enseñanzas y por hacernos ver que en el fervor a nuestro Santísimo Cristo de la Victoria podemos descansar.
“Mi bandera es el respeto a la Mar, fuente de vida”, dijo José Pereira. Para él, Vigo era el Wall Street más próximo, la América más cercana, sabía que Vigo linda con Nueva York, mar por medio. Se enamoró de un barco, “El Pelícano”, y se hizo armador. Es hermoso que una empresa esté enraizada en ideas y sentimientos.
Hoy sigue patroneando la empresa José Enrique Pereira Molares, que sabe que llegar a la meta cuesta y mantenerse cuesta más.
La independencia de Namibia obligó a abandonar caladeros y reinventarse creando empresas mixtas.
En la Guerra del Fletan hubo que enfrentarse con redes a fuego real de patrulleros canadienses, batiéndose con barcos desarmados frente a Canadá, apoyada por el Reino Unido e Irlanda. Fue épico, y cuando se regresó con el barco y la razón, Vigo enloqueció de entusiasmo.
Pereira representa uno de los pilares de Vigo: enfrentarse a la mar, extraer sus riquezas, elaborarlas, comercializarlas y distribuirlas es parte de nuestro ADN.
Muchas gracias José Enrique por honrarnos portando nuestro estandarte y, más aún, por hacerlo acompañado de tus hijos.
No voy a hablar del Celta. Más de 300.000 personas saben de él más que yo. No voy a hablar de Marián Mouriño, porque corro el riesgo de que digan: “¿quién es esa que está al lado de la presidenta del Celta?” Sino que voy a hablar con Marián.
Marían, cuando te veo en palcos de equipos europeos y españoles, disfrutando elegantemente de las victorias y con semblante sereno en los momentos desfavorables, con una solemnidad propia de la casa real inglesa, siendo la única mujer que ejerce como presidenta y propietaria de un club de fútbol en la máxima categoría masculina de LaLiga, me siento muy orgullosa de ti. Sé, por supuesto, que la procesión va por dentro. El Celta cuando duele, duele mucho, y cuando alegra, alegra mucho, pero tú mantienes el saber estar y esa elegancia que se trae de casa. Así que, sin perjuicio de felicitar a tus padres, que lo hago, también quiero felicitarte a ti porque a veces las cosas buenas de casa no se valoran y otras veces los hijos no se las llevan puestas, así que enhorabuena por tu buen criterio.
Un reflejo de esa elegancia y buen hacer, lo es sin duda el reciente reconocimiento a la transparencia y excelencia en divulgación no financiera otorgado por LaLiga y el Colegio de Economistas de España al Celta, que tú presides desde hace tres años.
Te estoy también muy agradecida por tu apuesta por la cantera y las escuelas deportivas. Con los años aprendemos que no se debe esperar el futuro, hay que diseñarlo y está claro que tú sabes que el futuro hay que trabajarlo desde el presente.
Marián, quiero trasmitirte, el afecto y el agradecimiento de la Cofradía. Sin perjuicio de que se lo vamos a pedir, no podemos garantizarte que el Cristo interceda para que siempre gane el Celta. Eso sería ponerlo en un compromiso y, además, el Obispo nos reñiría con razón, pero te aseguro
que cuando nos enfrentemos al Dépor, le recordaré al Cristo que el Celta es Cofrade de Honor y el Dépor no.
Muchas gracias Marián por haber aceptado nuestra invitación a pregonar hoy el fervor por el Cristo desde la pasión por el Celta, sentimientos que definen el alma viguesa.
Me gustaría finalizar con una anécdota y un ruego.
Estando una noche de las muchas noches claras y espléndidas de Vigo, practicando uno de mis deportes favoritos, que es escuchar a mis nietos, uno me dijo: «Abuela ¿ves esa estrella tan brillante y bonita? pues no existe, desapareció hace miles de años, lo que llega es su luz, y ¿ves al lado una nueva muy bonita?, pues no la ves, porque faltan muchos años para que llegue su luz. Ni tú ni yo la llegaremos a ver, ósea, no te puedes fiar de lo que ves y creer que no hay lo que no ves».
Mi ruego es que el Santísimo Cristo de la Victoria nos ayude a no juzgar severamente por lo que vemos y nos permita creer que todos los seres humanos, sin excepción, tienen parte del reflejo del Amor de Dios, lo veamos o no.
Tengamos en cuenta que Dios se mostró antes a los extranjeros, a los infieles y a los gentiles, y que pasaron 30 años antes de que se mostrase a los que creían tener mejor derecho.
Nuestro Cristo de la Sal solo nos examinará de amor.
Señor, mientras desvelamos o no los misterios de la mecánica celeste, Te pedimos que derrames Tus misericordias sobre el pueblo de Vigo.
Muchas gracias.