28/09/2022

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San Wenceslao
28/09/2022

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San Wenceslao

«Formamos parte de esa gran familia, que es la Iglesia Diocesana, en la que todos somos importantes, tenemos cabida y un lugar único que ocupar»

«Formamos parte de esa gran familia, que es la Iglesia Diocesana, en la que todos somos importantes, tenemos cabida y un lugar único que ocupar»

Me llamo Silvia, tengo 44 años y pertenezco a la parroquia San Ignacio de Loyola. Soy catequista, desde que me confirmé, en un grupo de tres parroquias de Teis que trabajan conjuntamente desde hace algunos años: San Ignacio de Loyola, El Salvador y Nuestra Señora de las Nieves.

Recibí la llamada para ser catequista siendo muy joven y sin ser muy consciente de ello, pero con el paso de los años mi vocación como catequista y de servicio a la parroquia se hizo más fuerte.

Me considero una persona normal. Tengo mi familia, mis amigos y mi trabajo, pero mi compromiso como catequista es fundamental en mi vida.

Yo intento, con mi testimonio, transmitir la fe recibida e inculcar a los niños los valores que nos dejó Jesús, hablándoles en un lenguaje sencillo que ellos entiendan y propiciando que puedan tener ese encuentro personal con Él. Soy consciente de que los niños y jóvenes que acompañamos son la Iglesia del presente, del hoy, y de que el futuro de la Iglesia está en ellos. Acompañar y apoyar a las familias en la transmisión de la Fe a sus hijos es una tarea muy satisfactoria y enriquecedora ya que siempre recibes más de los niños y de sus familias de lo que les das.

Para mí es una suerte tener la oportunidad de trabajar con un equipo de catequistas de tres parroquias distintas. Esta situación me hizo darme cuenta de la importancia de mi servicio dentro de la Diócesis.

Estoy muy orgullosa de pertenecer a este grupo de catequistas. Somos una pequeña familia en la que todos nos sentimos apoyados y valorados, especialmente en estos momentos tan difíciles en los que, a pesar de los retos que se nos plantean por el covid, les estamos haciendo frente, trabajando y colaborando juntos, sin perder la ilusión. Al mismo tiempo, sentimos que no estamos solos, que formamos parte de esa gran familia, que es la Iglesia Diocesana, en la que todos somos importantes, y todos tenemos cabida y un lugar único que ocupar.

Silvia Oterino, catequista en la comunidad parroquial de San Ignacio de Loyola.
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