6/08/2021

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La Transfiguración del Señor
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La Transfiguración del Señor

Homilía ✍🏻 de Mons. Luis Quinteiro en las ordenaciones del 4 de julio

Homilía ✍🏻 de Mons. Luis Quinteiro en las ordenaciones del 4 de julio

El pasado 4 de julio, cuatro jóvenes del Seminario Mayor San José de Vigo recibieron el sacramento del Orden presbiteral y diaconal de manos del obispo de Tui-Vigo, Mons. Luis Quinteiro Fiuza. A continuación, se muestra la homilía de la celebración.

La retransmisión del acto está disponible en el canal de YouTube de la diócesis de Tui-vigo, clicando en el siguiente enlace.

Homilía predicada durante las ordenaciones del 4 de julio de 2021

Hoy nuestra diócesis de Tui-Vigo está muy contenta. Estamos llenos de felicidad porque el Señor nos regala estas vocaciones que se acercan a esta celebración sagrada. Es el regalo más grande que el Señor nos puede hacer como dice el salmo “estamos muy contentos”. El Señor nos engrandece, nos quiere mucho y le damos gracias a Dios por todas esas vocaciones que, antes de ellos y después de ellos, seguirán alimentando nuestra vida cristiana.

El Señor, queridos diáconos y queridos candidatos al diaconado, os ha llamado a ser sacerdotes en un mundo nuevo, en permanente cambio, con muchos peligros y muchas oportunidades. A vosotros no os resulta extraño este mundo porque habéis nacido en él; habéis tenido que luchar mucho para mantener en pie vuestra vocación. Cada uno de vosotros es historia viva de este mundo nuevo y en permanente cambio. Vuestras propias biografías reflejan a la perfección el mundo en el que vivimos.

En otros tiempos, era una tarea importante de los sacerdotes conocer el mundo. Ahora lo lleváis en vuestras venas; habéis sido testigos ya de las muchas batallas que en el mundo se libran. El Señor no os ha llamado para huir de este mundo y de los hermanos que en el viven. Hace pocos días, el papa Francisco les decía a los seminaristas italianos del Seminario Regional Pontificio de las Marcas: «se es sacerdote para servir al pueblo de Dios, para ocuparse de los heridos de todos, especialmente, de los pobres. Disponibilidad para los demás: esta es la prueba segura del sí a Dios. […] El verdadero pastor —continuaba el papa— no se separa del pueblo de Dios: está en el pueblo de Dios, adelante, en medio y detrás». Y para estar en medio del pueblo de Dios hay que salir cada día de nosotros mismos, de nuestras comodidades, de nuestros esquemas prefijados e ir al encuentro de nuestros hermanos, los hombres. Estamos, estáis, llamados a vivir vuestra vida sacerdotal en una Iglesia en salida. 

En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el mismo papa Francisco nos advierte con claridad del peligro que tenemos de perder el dinamismo misionero en la Iglesia: «llama la atención que aún quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que les lleva a aferrarse a seguridades económicas o espacio de poder y gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la misión». Y concluye «no nos dejemos robar el entusiasmo misionero» (EG, 80).

Por gracia de Dios, gracias a una buena formación, a la ayuda y oración de tantas personas y a vuestro sacrificio de años, vosotros, queridos hermanos, tenéis hoy este entusiasmo misionero. Los que os conocemos sabemos que tenéis este entusiasmo misionero.

El Seminario no os ha alejado de la realidad, no os ha alejado de los peligros y, menos aún de los demás. Durante el tiempo del Seminario, habéis ensanchado los límites de vuestro corazón y los habéis extendido al mundo entero y os habéis apasionado por lo que acerca, por lo que une, por lo que abre, por lo que provoca el encuentro. Esto es muy importante porque, como dice el papa Francisco explícitamente, «hay que desconfiar de las experiencias que conducen a intimismos estériles y espiritualismos gratificantes que parecen dar consuelo y en cambio conducen a la cerrazón y a la rigidez». Nuestra misión es llevar a Jesucristo y a su Iglesia al corazón de los hombres como lo hizo el mismo Jesucristo y como lo hizo Ezequiel en medio del pueblo que se apartaba de Yahvé. A vosotros también hoy os digo unas palabras del papa Francisco: «no os dejáis robar ese entusiasmo misionero» que hoy tenéis. Es vuestro gran tesoro.

Sin duda, habéis sentido también en vuestras vidas el temor y el temblor que sintió Ezequiel cuando el Señor lo llamó a la misión al servicio del pueblo de Dios, pero también habéis sentido la voz dulce insistente de Jesús: «ven y sígueme» (Mc 10, 17 – 21). Habéis tenido la experiencia profunda y gozosa del reencuentro con Jesús resucitado como Tomás. ¡Qué lenguaje nos dejó para siempre en aquella confesión llena de emoción «Jesús mío y Dios mío» (Jn 20, 28)! A este Jesucristo resucitado es al que debemos seguir y al que vais a consagraros hoy con la entrega de vuestras vidas en plenitud. Esa entrega tiene un camino y el camino es el mismo Jesucristo, a quien el Evangelio de hoy nos presenta saliendo sin reparo a los caminos de su tierra para anunciar el Reino de Dios.

Queridos hermanos que vais a ser ordenados diáconos y presbíteros, yo quiero pediros hoy que la contemplación fije esta escena de Jesús en vuestras vidas de pastores en el pueblo de Dios: Jesucristo no sale solo. Sale en compañía de sus discípulos. Para Jesús era importante la compañía de sus discípulos, siempre iba con ellos; siempre les dijo que los necesitaba. La Iglesia se construye en la comunidad de los discípulos de Jesús. Desconfiad siempre de los que andan solos, de los que se apartan de los demás, de los que presumen de su singularidad y se confían solo a sus cualidades. Necesitamos la compañía de los hermanos; la ayuda de los hermanos. Necesitamos sentirnos queridos y sostenidos por los otros. Solos no vamos a ninguna parte. Judas se marchó solo.

El mundo es difícil y la misión exige comunión con el Señor y unidad con los hermanos. Muchas veces os dirán como a Jesús en el Evangelio «¿de dónde saca todo esto?» y habrá mucha gente que se escandalizará de lo que decís y proponéis. Como siempre, tampoco vuestra misión será fácil. Como Pablo, experimentaréis que cuando sois débiles, cuando seáis débiles, entonces, seréis fuertes porque Jesús resucitado siempre saldrá a vuestro encuentro como salió al de Tomás.

Mons. Luis Quinteiro Fiuza.

Obispo de Tui-Vigo.

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