14 de mayo de 2026,
San Matías

Homilía del Sr. Obispo en la solemnidad de San Telmo

Homilía del Sr. Obispo en la solemnidad de San Telmo

Saludos cordiales a los hermanos obispos que nos acompañan desde las diócesis hermanas de Galicia (Lugo y Ourense) hasta la diócesis de Palencia; también al Arzobispo emérito de Tánger.

Saludos cordiales al Vicario General de la Diócesis de Braga, que nos acompaña representando al Arzobispo y Obispos auxiliares de aquella Iglesia

Saludos a los miembros del Cabildo catedralicio y a los sacerdotes que nos acompañáis

Saludos al Sr./Sr. Alcalde, Oferente en este año, y miembros de la Corporación tudense; a las autoridades civiles, militares

Saludos a los Miembros de la Cofradía de san Telmo

A todas y todos, un saludo cordial.

        Feliz Pascua! Feliz fiesta de San Telmo! Nuestra ciudad, y con ella toda la Iglesia particular que camina en Tui-Vigo, celebra con gozo a nuestro patrón, el venerable Pedro González Telmo, y lo hacemos este año, en el contexto de la celebración del VIII Centenario de nuestra Iglesia catedral; desde luego, no nos faltan motivos para celebrar.

        Nos acogen estos muros que fueron consagrados hace ya 800 años, y que acompañaron a los vecinos de Tui y a toda la diócesis, en el camino de vida y de fe, ayudándonos a ser piedras vivas en esta Iglesia diocesana, en una historia de amor y de fe, única y bien hermosa. Cuando nos acercamos a esta Catedral no solo miramos al pasado, a una historia de evangelio centenaria, en la que como figura singular está Pedro Glez Telmo, sino que miramos al futuro, porque la historia nos obliga a coger la herencia recibida y seguir sembrando, haciendo realidad promesas de futuro.

        Nos toca navegar en una sociedad e Iglesia que atraviesa un manojo de tempestades: la frágil paz que vivimos, pendiente de hilos endebles y de decisiones incomprensibles, la situación de tantas personas que viven en permanente estado de refugiados o migración buscando tan sólo vivir con dignidad, la situación laboral precaria de tantos que genera angustia en las familias o la de la escasa vivienda que condena a situaciones nada dignas, la soledad de nuestros mayores o el desconcierto de los más jóvenes que no encuentran un norte bien definido por el que caminar, la polarización que trae enfrentamientos y tensiones, incluso en el mismo seno de la Iglesia… Esta es el mar en el que nos toca faenar, en el que vivimos y luchamos. Y ahí, no estamos solos, Aquel que vive para siempre, Jesucristo, es nuestra luz y esperanza; y muchos hermanos/a las van en nuestro camino: san Telmo va con nosotros, abriendo nuestros ojos a una lectura de fe y evangélica de la vida.

        En las lecturas que proclamamos vemos los trabajos que la Iglesia primitiva vivió en su misión de evangelizar a todos, misión concretada en el texto de Mateo: curar enfermos, resucitar muertos, echar demonios fuera y todo con un estilo bien concreto: gratuitamente, porque gratuitamente fue recibido. El Señor nos recuerda que no es necesario preocuparse de nada, nuestra fuerza está en la misma Palabra anunciada que toca los corazones y en el testimonio, alegría y celo de aquellos que la anuncian.

        Cuando pensamos en esto, y miramos a nuestro patrón, Pedro Glez Telmo, vemos cómo desde la sencillez, la pobreza pero con un celo evangelizador inquebrantable fue haciendo realidad el Reino de Dios allí donde predicó. Su palabra, su cercanía y pasión, sus gestos hablaban de novedad evangélica, de compromiso concreto con la realidad, de Reino hecho tierra. Todo en él, nos habla de evangelio hecho carne.

        Nos recordaba hace unos días el papa León en una catequesis sobre el Concilio Vaticano II, que la vocación de un seguidor de Jesús es la de ser santos: la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender a la plenitud del amor a Dios y al próximo. Este don, se manifiesta en la vida cotidiana cada vez que lo acogemos con alegría y le correspondemos con compromiso. El mismo papa, cuando se reunió con los jóvenes en Tor Vergata, afirmaba: nuestra esperanza es Jesús, aspirad a la santidad, no os conforméis con menos. El encuentro con Jesucristo Resucitado es el que cambia nuestra existencia, ilumina nuestros afectos, deseos y pensamientos.

        La santidad nos lleva a hacer extraordinario lo ordinario, viviendo siempre con coherencia máxima en las cosas pequeñas de cada día. El  papa propone 3 caminos prácticos de santidad para el mundo de hoy:

  • La santidad de la escucha:  atentos a la voz de Dios que habla en la realidad personal y en el mundo; a la voz del prójimo.
  • La santidad de la defensa de la vida: cuidando la dignidad de quien está a nuestro lado, sea migrante, mayor solo, enfermo,porque la santidad se mide en la compasión activa.
  • La santidad que rompe con la cultura del odio: la fe no puede ser nunca para atacar, criticar, aplastar. La santidad se muestra siendo puente, nunca muro.

        Esto es lo que hoy celebramos. Empezábamos la celebración con la veneración de las reliquias; en medio de nosotros, está el Cuerpo santo de Pedro Glez Telmo. ¿Qué significado tiene para nosotros, hoy?

        Por una parte, los santos son como nuestros GPS espirituales: no están ahí para admirarlos de lejos, sino para demostrarnos que el evangelio es posible en toda circunstancia, también en las dificultades. Son la prueba de que el amor puede vencer al egoísmo.

        Por otra, son nuestros compañeros en la andadura de cada día. No estamos solos, son los amigos que con su testigo e intercesión nos ayudan a no desanimarnos, a salir para adelante y a no perder nunca la esperanza y la alegría.

        La santidad, hoy,  es el antídoto contra la indiferencia, porque supone vivir con corazón despierto y atento.

        Implorando este don de la santidad en el día a día, a los pies de nuestro patrón, con confianza, decimos una vez más: Misericordia san Telmo, salve Cuerpo Santo. Amén.

+ Mons. Antonio Valín Valdés

Obispo de Tui-Vigo