29 de febrero de 2024

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San Rufino
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Iglesia por el Trabajo Decente insta a garantizar la salud y seguridad laboral

Iglesia por el Trabajo Decente insta a garantizar la salud y seguridad laboral

En el Manifiesto con motivo de la Fiesta del Trabajo reclama a los poderes públicos medidas legales y recursos que eviten nuevas muertes en el puesto de trabajo.

En 2022 se produjeron en España 826 accidentes laborales mortales, dos cada día. En Galicia, 73, uno cada cinco días, convirtiéndose en la tercera comunidad autónoma con el mayor índice de mortalidad.

Bajo el lema «Un trabajo decente tiene que ser un trabajo saludable», la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) lanza un manifiesto con motivo del Primero de Mayo en el que ponen el foco sobre el drama de la siniestralidad laboral en España y el resto del mundo, una realidad que muestra unas cifras de escándalo.  Esta demanda confluye, además, con los objetivos del Dila Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, que se celebró el 28 de mayor.

Según se denuncia en el manifiesto, en el año 2022 se produjeron en España, de acuerdo a los datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, un total de 1.196.425 accidentes laborales, de los cuáles 826 resultaron mortales, un 17,2% más que en 2021. Esto supone la muerte de más de dos personas al día. Además, dentro de este cómputo total de accidentes laborales, 3.801 fueron siniestros graves.

En Galicia, los accidentes laborales graves llegaron a los 437 y la 73   los mortales, lo que supone una muerte cada cinco días. Es la tercera comunidad autónoma con el mayor índice de mortalidad en el trabajo después de Murcia y La Rioja, 6,59 muertes por cada 100.000 trabajadores y trabajadoras, frente a las 3,51 en el conjunto del Estado. A pesar de la tragedia del Vila de Pitanxo, esta gran diferencia en el índice de mortalidad laboral no se dio sólo el año pasado: la media de los últimos diez años para Galicia es del 6,45 frente al 3,45 de España.  A nivel mundial, se estima que en el año 2020 perdieron la vida 2,7 millones de personas por accidente o enfermedades laborales.

Estos datos solo muestran una parte de la siniestralidad laboral, dado que las estadísticas no recogen los casos que, como señala el Manifiesto, si producen en el ámbito «de la economía sumergida, de quien trabajan sin contrato o si les paga en negro, de quien no se les diagnosticó una enfermedad laboral porque no se especifica su origen, o sus patologías no son reconocidas cómo tales o los profesionales desconocen los procedimientos para calificarla cómo laboral».

El trabajo es para la vida.

Las entidades que forman la ITD recuerdan que «el trabajo es para la vida» y denuncian que la «lógica economicista de este sistema separa el trabajo de la persona, la desposee de su esencia y capacidad creadora y de su  propio SER; construye precariedad, inseguridad y somete  al trabajador y a la  trabajadora la largas jornadas laborales, a altos  ritmos de producción  y le priva  del merecido descanso». Las secuelas, además de personales y familiares, son también sociales, pues inciden en la convivencia y en las relaciones, lo que lo convierte en un problema político que requiere una respuesta también política.

Con objeto de revertir  la situación  actual de precariedad  laboral que provoca el alta  tasa de siniestralidad en el puesto de trabajo, ITD exige a los poderes públicos que velen por el cumplimiento de la legislación laboral, si generen más recursos para que  se investiguen los accidentes y muertes  en el trabajo y se  depuren responsabilidades, si pongan los medios para que  no vuelva a suceder, y se  facilite los trámites burocráticos a las víctimas y a sus   familias para que  les sea  reconocida su  situación de siniestralidad.

ITD apuesta por seguir «defendiendo la vida por encima del beneficio, la dignidad de la persona por encima de la productividad y el bien común por encima de los intereses personales, y revertir esta situación de injusticia con nuestro compromiso personal y comunitario desde la cultura del cuidado y la solidaridad».

Para eso, Iglesia por el Trabajo Decente se compromete en esta Fiesta del Trabajo a impulsar movimientos de solidaridad que defiendan la salud y la seguridad en el trabajo junto a otras personas y colectivos; potenciando el asociacionismo para reforzar la interlocución con las Administraciones; apoyando la labor que realizan los sindicatos para extremar la prevención y exigir el cumplimiento de la normativa laboral.

El manifiesto concluye con la exhortación del papa Francisco en la Nochebuena del 2021: «En el día de la Vida repitamos: ¡No más muertes en el trabajo! […] y esforcémonos por lograrlo […] Dios viene a colmar de dignidad la dureza del trabajo. Los recuerdan que importante es dar dignidad al hombre con el trabajo, pero también dar dignidad al trabajo del hombre, porque el hombre es señor y no esclavo del trabajo».

Modelo del bueno samaritano

Esta misma demanda de Francisco ha sido elegida por los obispos de la Subcomisión para la Acción Caritativa y Social de la Conferencia Episcopal Española en la nota publicada con motivo del Dila Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, donde reclaman el fin de las muertes en el trabajo. En este sentido, ITD valora esta declaración, comparte su orientación que propone seguir «el modelo del bueno samaritano» para «actuar ante la siniestralidad laboral y para implicarnos y comprometer la otras personas e instituciones» y reconoce la tarea de esta iniciativa en la promoción de la defensa de la vida en el trabajo, «creando conciencia en nuestras comunidades eclesiales, implicándonos en la denuncia de esta injusticia y apoyando las iniciativas y campañas, como a que ya lleva a cabo Iglesia por el Trabajo Decente».

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