18 de febrero de 2026,
San Eladio

José Antúnez analiza los retos antropológicos y éticos de la IA, en la fiesta de santa Catalina

José Antúnez analiza los retos antropológicos y éticos de la IA, en la fiesta de santa Catalina
FOTO.- El salón de actos del Seminario Mayor «San José» acogió la conferencia «Del espejo a la realidad. La inteligencia artificial frente al ser humano» | © Diocese de Tui-Vigo

Con motivo de la festividad de santa Catalina de Alejandría, patrona de los filósofos, el profesor José Antúnez Cid, decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Eclesiástica San Dámaso en Madrid, fue el encargado de impartir la conferencia «Del espejo a la realidad. La inteligencia artificial frente al ser humano», que organizó el Centro Teológico «San José» en Vigo. El acto fue presidido por el obispo de Tui-Vigo, don Antonio José Valín Valdés, y estuvo precedido por una misa conmemorativa de la santa mártir, en un ambiente de diálogo entre fe, cultura y pensamiento contemporáneo.

El profesor Antúnez comenzó su intervención introduciendo qué es la inteligencia artificial, cuál es su presencia real en el momento presente y cuáles son sus ventajas, posibilidades y dificultades desde un punto de vista técnico y social. A partir de este recorrido inicial, dirigió la atención hacia los problemas antropológicos de fondo, invitando a preguntarse qué significa ser humano en una sociedad donde la tecnología empieza a ocupar espacios esenciales de decisión y convivencia. Como explicó en una entrevista previa en Faro de Vigo, «ante la oportunidad y el desafío de la inteligencia artificial, el hombre puede tener una ocasión de comprenderse mejor y de tomar las riendas del futuro si acepta de manera positiva las posibilidades y los riesgos que conlleva». Esta reflexión —añadía— supone un verdadero reto filosófico y espiritual: prestar atención a la identidad humana, a quiénes somos y cómo nos relacionamos con “el producto de nuestras propias obras”.

En la segunda parte de su ponencia, el decano abordó los desafíos éticos y la necesidad de una regulación adecuada de la IA a nivel internacional, subrayando que el uso responsable de estas tecnologías exige un marco que priorice el bien común. En este sentido, hizo referencia a los estudios recientes de organismos internacionales, pero también a la aportación de la Iglesia Católica, con especial atención a la declaración de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos del 6 de junio de 2025, que propone criterios para un uso justo y humano de la IA. Tal como señaló, «la inteligencia artificial puede ampliar mucho la capacidad de control y dominio; también puede ampliar las brechas sociales y disminuir el pensamiento crítico». Algunos informes de la Unesco —recordó— alertan de que la IA podría debilitar la convivencia y favorecer los populismos extremos, «aunque también puede ser una herramienta para lo contrario, si se orienta adecuadamente».

Entre los desafíos actuales, José Antúnez insistió en la contribución que la Iglesia puede ofrecer en este debate. Según afirmó, la IA no debe verse como una amenaza inmediata para la pastoral o la vida espiritual, sino como una posible herramienta de apoyo: «si lo hacemos bien, puede ayudar. No puede sustituir». Explicó que ya hay comunidades contemplativas que recurren a la inteligencia artificial para obtener fuentes bíblicas o patrísticas a la hora de preparar una meditación, aunque insistió en que «nunca la homilía será lo que diga la inteligencia artificial: es solo una herramienta de ayuda». En ese marco, la IA podría liberar tiempo para la atención pastoral y la reflexión, «lo cual repercutiría en una mayor calidad del servicio que presta la Iglesia».

Asimismo, señaló que la Iglesia tiene la oportunidad de acompañar, colaborar y orientar el futuro desarrollo tecnológico: «la Iglesia convivirá con la inteligencia artificial y aportará luz desde su experiencia y sabiduría, ayudando a que el contexto político, jurídico y social esté verdaderamente al servicio de la persona y de la comunidad». La conferencia concluyó con una llamada a salvaguardar aquello que ninguna tecnología puede sustituir: el encuentro personal. «Hay un contacto de carne y hueso, un rostro, un tú, sentimientos y afectividad», explicó, y es ahí donde la comunicación humana “se vuelve viva y profunda” y deja una huella real. La inteligencia artificial puede abrir el camino, pero no puede llegar hasta esa concreción decisiva de la vida humana.

Con esta intervención, el profesor José Antúnez puso de relieve que el diálogo entre tecnología, filosofía y teología es hoy un desafío urgente y profundamente humano. La inteligencia artificial, afirmó, necesita un horizonte ético y espiritual que proteja la dignidad de la persona y no la reduzca a un dato o a una estadística. En ese horizonte, la Iglesia —y centros académicos como San Dámaso— están llamados a ofrecer luz, rigor y esperanza.