La Catedral de Tui acogió el pasado 28 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia, la celebración de clausura del Jubileo de la Esperanza en la diócesis de Tui-Vigo. La Eucaristía fue presidida por el obispo, Mons. Antonio Valín Valdés, quien en su homilía destacó el misterio de la Encarnación como fundamento de la esperanza cristiana.
A partir de los textos litúrgicos de la festividad de la Sagrada Familia, el obispo recordó que “todo es un regalo”, subrayando que Dios ha querido hacerse cercano, caminar con la humanidad y compartir su historia. “Dios no vino a salvarnos desde arriba, sino caminando con nosotros”, afirmó, recordando que en Jesús, Dios se hace amigo del ser humano y se introduce en la fragilidad de nuestra vida cotidiana.
Al evocar la apertura del Jubileo hace un año, Mons. Valín recordó las palabras del papa Francisco: “la puerta de la esperanza se abrió de par en par para el mundo”, insistiendo en que esa esperanza sigue viva para cada persona, incluso en medio de la oscuridad, la incertidumbre o las dificultades de la vida. En este sentido, puso como ejemplo a la familia de Nazaret, que supo confiar en Dios en medio de las preocupaciones diarias, la emigración forzada y el futuro incierto.
El obispo destacó también la llamada del Jubileo a reconocernos como “peregrinos de esperanza”, invitando a la comunidad cristiana a descubrir los signos de esperanza presentes en el mundo y, al mismo tiempo, a convertirse en signos visibles y concretos de esperanza a través de palabras, gestos e iniciativas.
Aunque con esta celebración se clausuró el Jubileo de la Esperanza en nuestra diócesis, el obispo recordó que “no se cierra nunca el corazón de Dios”, e invitó a continuar el camino de fe con motivo del Jubileo del Centenario de la Catedral de Tui, animando a todos a vivirlo como una nueva oportunidad de compromiso cristiano.