9 de agosto de 2026,
Santa Teresa Benedicta de la Cruz

La comunidad del Carmen se reúne en torno a su Madre

La comunidad del Carmen se reúne en torno a su Madre
FOTO.- La imagen de la virgen del Carmen regresando al templo tras la procesión | © Leandro Rivero

Hay celebraciones que mantienen viva una tradición. Otras recuerdan a los creyentes dónde está su hogar. La festividad de Nuestra Señora del Carmen volvió a reunir, este pasado jueves, a la comunidad parroquial del barrio vigués en torno a María, la madre que —como recordó el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, durante su homilía— acompaña la vida de sus hijos en los momentos de alegría y también cuando el camino se vuelve incierto.

Desde primera hora, el templo de los Carmelitas Descalzos fue acogiendo a los numerosos fieles que quisieron participar en la fiesta de su patrona. Una celebración profundamente arraigada en la vida de esta comunidad parroquial y que, un año más, hizo visible la cercanía con la que la espiritualidad carmelitana invita a descubrir en María un modelo de escucha, confianza y seguimiento de Cristo. Tanto es así, que contó con la participación de varios niños y niñas que este año recibieron la Primera Comunión; su presencia puso de manifiesto cómo esta tradición continúa encontrando su lugar en las nuevas generaciones.

La eucaristía estuvo presidida por monseñor Antonio Valín y concelebrada por el párroco, el carmelita padre Antonio, quien el pasado mes de junio inició su ministerio al frente de la parroquia y celebró así su primera festividad del Carmen como pastor de esta comunidad. Junto a ellos participaron otros religiosos de la Orden del Carmen y diáconos de la diócesis tudense.

Durante la homilía, el obispo invitó a mirar a María desde la experiencia humana más universal: la de una madre. «Cuando pensamos en una madre, pensamos en alguien que nos abre a la vida, que nos enseña a vivir, que a veces nos reprende, pero en quien nunca falta el cariño». Desde esa experiencia, explicó, la Iglesia reconoce a María como «la madre de la Iglesia y de cada uno de nosotros».

Monseñor Valín subrayó que la devoción a la virgen del Carmen nace precisamente de esa certeza de saberse hijos. «Si estáis aquí es porque la figura de María es significativa en los momentos buenos y en los malos; cuando la vida nos sonríe y cuando nos pega bofetadas. Cuando tenemos futuro y cuando vemos solo oscuridad». En todas esas circunstancias, añadió, los creyentes vuelven a ella porque «nos da paz y seguridad».

El obispo recordó también que María anuncia, con la sencillez de su vida cotidiana, la esperanza cristiana. «Nos habla de la alegría de la salvación y nos enseña que el amor no finaliza, que la vida no termina, sino que siempre nos espera una Vida con mayúsculas». Una misión que desempeña «desde el silencio y la discreción de Nazaret», lejos del protagonismo y siempre disponible para la voluntad de Dios.

Como sucede en toda auténtica espiritualidad mariana, la mirada no termina en María. «Ella siempre nos indica hacia dónde mirar, y no es hacia ella. Es compañera de camino, cristiana que camina con nosotros, pero siempre detrás de Jesús», recordó el obispo al concluir su predicación.

Finalizada la eucaristía, la imagen de la virgen del Carmen salió en procesión por las calles de la ciudad olívica. Estuvo acompañada por la imagen del Niño Jesús de Praga, una de las devociones más representativas de la familia carmelitana y especialmente querida por esta comunidad.

Con el regreso de las imágenes al templo, concluyó una celebración que fue mucho más que una cita del calendario litúrgico. Fue el encuentro de una comunidad que, reunida en torno a la Eucaristía, volvió a descubrir en la Virgen del Carmen el rostro cercano de una madre que acompaña, sostiene y conduce siempre hacia su Hijo.

Fiesta del Carmen en Vigo (2026) | © Leandro Rivero
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