17 de marzo de 2026,
San Patricio

La cruz, signo de amor y esperanza

La cruz, signo de amor y esperanza
FOTO.- El obispo de Tui-Vigo adorando la cruz | © Diocese de Tui-Vigo

La celebración del oficio de la Pasión del Señor dio comienzo con el altar desnudo de la concatedral-basílica, ante el que se postraba el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín. El Viernes Santo, la liturgia de la Iglesia nos invitaba a recorrer los últimos momentos de la muerte de Jesús para terminar adorando el madero de la cruz. Este gesto de adoración, tal y como expresó el prelado, «no es adorar un madero, ni tampoco exaltar el dolor que produce la crucifixión. Adorar la cruz es adorar al crucificado. En la cruz de Jesús, convergen el mal del que rechaza a Dios y a la humanidad y el amor de Dios que perdona al ser humano. De esto sale vencedor Cristo, porque no se rinde a la tentación del abandono de su misión».

Con el eco de la Pasión según san Juan proclamado durante la celebración, monseñor Antonio Valín recordó que «mirar a Cristo clavado en la cruz permitiendo que ese misterio nos penetre en el corazón significa también mirar a aquellos con los que Jesús se identifica»: a quienes no encuentran trabajo o no les llega para tener una vida digna; a las personas sin hogar; a los trabajadores del sector marítimo; a las víctimas de la violencia y las guerras; a los ancianos, solos y abandonados. El prelado hizo un llamamiento a cada uno de los fieles a sentirse también identificados con Cristo: «¿cuántas veces nos ponemos delante de ese crucificado con nuestras angustias, con nuestros problemas y dificultades? Pero siempre mirando a aquel que pende de la cruz».

La muerte de Cristo expresa una dualidad: el pecado de la humanidad que lleva a Jesús al patíbulo y la esperanza que se desprende de la crucifixión. En este sentido, el obispo subrayó que, «mirando con fe a la cruz, vemos ese amor que se revela y que nos deja a todos impresionados, conmovidos, convertidos y salvados. Hoy es un día para contemplar a ese que muere en la cruz y así fortalecernos en el amor y abrir una puerta a la esperanza. Para nosotros, aquel que muere en la cruz no es el final de una historia, sino el germen de un futuro y de una esperanza». Monseñor Antonio Valín finalizó su homilía destacando que, con su muerte, «Cristo nos enseña su amor y nos habla de una locura: la locura de la encarnación y la locura del compromiso en la cruz».

Tras la liturgia de la Palabra, llegó el momento de la adoración de la cruz que, desde el baptisterio, recorrió toda la nave central hasta llegar al altar. El obispo fue el primero en adorarla, seguido de los fieles que, poco a poco, se acercaron para venerar ese madero en el que rememoramos la muerte de Cristo.

El oficio de la Pasión del Señor finaliza con la Comunión de los fieles, con las formas consagradas que habían sido reservadas en el Monumento, tras la celebración del Jueves Santo. Desde entonces y hasta la celebración de la vigilia pascual, la Iglesia guarda silencio y recogimiento, a la espera de la luz de la Resurrección.

Hoy, a las 22:00 horas, el obispo de Tui-Vigo y el emérito, monseñor Luis Quinteiro, celebrarán la vigilia pascual en la concatedral-basílica de Santa María en Vigo. Mañana, domingo, a las 12:00 horas, monseñor Antonio Valín presidirá la misa del Domingo de Resurrección, en la catedral tudense de Santa María.

La concatedral-basílica acogió el solemne sermón

Tal y como estaba previsto, ante la imposibilidad de procesionar por las calles debido a las condiciones de inestabilidad meteorológica, la concatedral-basílica acogió el solemne sermón predicado por el obispo de la diócesis, monseñor Antonio Valín, que estuvo armonizado por la Asociación de Corais Polifónicas de Vigo (ACOPOVI).

Con este sermón, la diócesis de Tui-Vigo ha querido ofrecer un espacio de oración y contemplación para ayudar a los fieles a profundizar en el gran misterio de la fe que la Iglesia conmemora durante estos días de Semana Santa.