El 25 y 26 de octubre, la congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata organizó una serie de actos para celebrar el 50 aniversario de su presencia en la diócesis de Tui-Vigo: una mesa redonda en la que se hizo memoria agradecida de estas cinco décadas de presencia de las Dominicas y una eucaristía en agradecimiento por toda la labor realizada durante este tiempo. Ambas celebraciones tuvieron lugar en la parroquia del Cristo de la Victoria de Vigo, en el barrio de Coia.
La mesa redonda contó con la presencia de la priora general de las Dominicas de la Anunciata, natural de Vigo. También participaron diversos representantes de la CONFER de Tui-Vigo, comunidades de laicos y plataformas como Grupo Iman, Sereos, Sin Techo o la asociación de mujeres Dorna, entre otros. Durante la jornada, los diferentes grupos destacaron la ayuda fraterna y las mejoras conseguidas en favor de los más necesitados, gracias a la colaboración de las Dominicas, conjuntamente con la Orden de Predicadores (Dominicos). Muchos de los asistentes también tomaron la palabra corroborando con su testimonio la entrega generosa, el amor y la admiración hacia las hermanas.
El domingo, a las 12:30 horas, el sacerdote dominico y párroco del Cristo de la Victoria, Juan Antonio Terrón, presidió la eucaristía de acción de gracias. A continuación, ambas comunidades religiosas —Dominicas de la Anunciata y Orden de Predicadores— compartieron una comida de confraternización.
Bajo el lema «Anunciar el mensaje de salvación a todos, especialmente a la niñez y juventud a través de la educación», la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata nace como respuesta a las necesidades de un momento histórico, a mediados del siglo XIX. Francisco Coll, dominico, conforme a la Orden de Predicadores, y exclaustrado a causa de la legislación aprobada por el Gobierno de la nación, se dedicó a evangelizar los pueblos y vio que una de las principales causas de la corrupción de costumbres era la ignorancia, especialmente de la doctrina cristiana.
Por otra parte, había visto que mujeres jóvenes deseaban vivir consagradas a Dios y cooperar al bien del prójimo, pero la carencia de medios les impedía entrar en las Congregaciones existentes. Francisco Coll, emprendió la ardua tarea de trabajar para subsanar estas lagunas descubiertas en la predicación.

