19 de febrero de 2026,
Beato Álvaro de Córdoba

Mensaje del obispo para la Navidad 2025

Mensaje del obispo para la Navidad 2025

Nos dice el profeta Isaías: el pueblo que caminaba en la oscuridad, vio una gran luz (Is 9,1). Nos disponemos a celebrar una nueva Navidad, reviviendo que Dios se hace realidad en medio de nosotros: Él es la Luz que disipa nuestras tinieblas y la esperanza en nuestro camino.

Hablar de Navidad es hablar de luz, de esa luz que nos invita a ver con el corazón, de manera novedosa, la realidad que nos rodea. Es hablar de capacidad de asombro para ver y mirar, reconocer y contemplar. ¿Qué? A un Niño, pequeño e indefenso, que se nos regala, que se nos da, y que desde su fragilidad nos invita a ser hermanos y a mirar la realidad como Él lo hace. Sí, la Navidad es tiempo de asombro, porque sólo quien se asombra ante un Niño puede descubrir a un Dios tan sorprendente; sólo quien sabe mirar con asombro puede descubrir en el rostro del otro a un hermano; sólo quien se deja sorprender puede aceptar una propuesta diferente, que pone a la persona en el centro de todo, que rompe con las diferencias que nos separan y polarizan, que busca lo que hay en el corazón de cada persona y valora todos los esfuerzos por buscar la paz y sembrarla, puede vislumbrar la esperanza en medio de la realidad social y eclesial que nos envuelve.

La Navidad también es contemplación de un Dios cercano, pobre, humilde e indefenso, un Dios vulnerable y dependiente de todos, un Dios necesitado del ser humano. Es contemplación, también, de un ser humano que se realiza en plenitud cuando se hace cercano a ese Dios.

La Navidad es acogida que nos lleva a abrir las puertas de nuestro hogar, a ser “posada” para tantos y tantas que están buscando un refugio, una casa, una familia.

La Navidad es compromiso porque vemos en esa cuna de Belén a Dios que se hace uno con cada persona, anunciando a los pobres que sí hay esperanza y liberación. Cuando todo un Dios elige el camino de la pobreza, nos está invitando a ser pobres, a vivir con los pobres, siendo uno con los pobres.

La Navidad es reencuentro, con un Dios que sale al camino mil veces en nuestra búsqueda; reencuentro con tantas personas que se entrecruzan con nosotros, con las que hacemos camino. Reencuentro que nos lleva a tender puentes y derribar muros y diferencias, a no descartar a nadie y a convertirnos en “casa de todos”.

La Navidad es transformación, porque ver lo que vemos en Belén no puede dejarnos indiferentes. Quien va a Belén, con su historia personal, vuelve cargado de la cercanía del amor de Dios que nos invita a ser transformados.

La Navidad es soñar. Ya el Adviento nos animaba a soñar y unir nuestros sueños a los de Dios que quiere el bien y la salvación de todos. En Navidad Dios se hace presente para toda la humanidad sin excepciones, en total libertad. Dios se hace Niño con olor a oveja, y hace resonar en el corazón de los marginados aquella buena noticia anunciada por los ángeles: «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo:  que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor» (Lc 2, 10-11).

La Navidad habla de un sueño que se hace realidad en todos, en ti y en mí. Un Dios que nos dice siempre, con sabor de eternidad: «te amé» (Ap 3,9). No estamos solos, y las oscuridades que nos envuelven y preocupan, desaparecen con la presencia de Aquél que es la Luz. No estamos solos, y aunque la vida no sea fácil en tantas ocasiones, hay Alguien que permanece amando y haciéndose uno con nosotros, y que nos dice te amé.

De una vida rutinaria y difícil, sin esperanza de cambio o mejora, la Navidad nos lleva al anuncio del Mesías que nació en medio de nosotros, su pueblo. Una vez más, tenemos que repetir que hay esperanza. Necesitamos creer en esta esperanza, confiar en ella, esperar en ella, comprometernos con ella.

Es hora de vivir como testigos de la luz, confesar a Cristo como «la esperanza que no defrauda» (Rom 5,5), y mostrar a los heridos del camino, a los desesperanzados, a los que tienen hambre y sed, señales de ternura, de cuidado, de alegría y confianza (Campaña Cáritas 2025-2026).

Es Navidad; a todas y todos, muy feliz Navidad, llena de Dios y de los pobres; llena de Luz y Esperanza. Y que nunca, nunca ¡nos falte la paz!

Tu amigo y hermano

+ Mons. Antonio Valín Valdés

Obispo de Tui-Vigo