Acompañados por familiares y amigos, el sábado 28 de junio, Miguel Ángel Fernandes de Andrade y Manuel Marín Cobos recibieron el primer grado del Orden Sacerdotal: el diaconado —en el caso de Miguel con carácter transitorio, mientras que Manuel ya es diácono permanente—. La celebración, que tuvo lugar en la catedral de Santa María de Tui, fue presidida por el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, concelebrada por miembros del presbiterio diocesano. También asistió la comunidad del Seminario Mayor Interdiocesano «Santiago Apóstol».
Durante la celebración, el prelado tudense expresó que «seguir a Jesús es entrar en el camino de la entrega y del pequeño. Nadie es más que el maestro y el Señor Jesús pasó por el mundo haciendo el bien y entregándose a todos y por todos». Así, monseñor Antonio Valín recordó a los candidatos que «sois llamados por el Señor al ministerio del diaconado. No es una promoción social, no es formar parte de una “casta” que os hace diferentes en el vestir, estar o vivir. La imagen más hermosa que significa vuestro ministerio es la de Jesús lavándole los pies a los discípulos: esa en la que, despojado del manto, a los pies de sus amigos, va lavándoles como un esclavo»

Siguiendo la enseñanza de Jesús durante la última cena y el lavatorio, el obispo declaró que hay que caminos que no sirven en el camino cristiano: «no hay lugar para el poder ni el descarte; no hay lugar para la discriminación ni para sentirse superiores; no hay lugar para quien quiera sobresalir por encima de los demás… Solo hay lugar para la gratitud, la acogida y cercanía, el servicio generoso y desinteresados. Esa es el signo identitario del Hijo de Dios y de su cuerpo, la Iglesia».
Monseñor Antonio Valín agradeció la respuesta generosa de Manuel y Miguel, de sus familias y de «cuantos os acompañaron en vuestro proceso de discernimiento y formativo; gracias a los formadores y a la comunidad educativa del Seminario». Finalizaba su intervención con un recordatorio: «no so olvidéis nunca de los pobres y de servirlos. Es mejor ser una Iglesia herida y sucia, a impoluta y fría. Sed siempre servidores alegres, fieles, de oración y entrega: pan partido, vida entregada y amor sin medida».
Tras la homilía del obispo tudense, dio comienzo el rito de la ordenación diaconal que comienza con las promesas, momento en el que los candidatos prometen obediencia y respecto al obispo y sus sucesores. A continuación, Manuel y Miguel se prostraron en el suelo durante el rezo de las letanías. Concluido el canto, el obispo impuso las manos sobre cada uno de los candidatos, pronunciando la plegaria de ordenación.


Posteriormente, Miguel y Manuel fueron revestidos con la estola al estilo diaconal y con la dalmática, mostrando así su nueva condición. Para finalizar este rito de ordenación, el obispo les entregó el Evangelio que, como diáconos, han de proclamar. La liturgia finalizó con el abrazo del obispo a los nuevos diáconos.
A partir de este momento, tanto Miguel como Manuel, pueden asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de la Eucaristía y en la distribución de la comunión; asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo; proclamar el Evangelio y predicar; presidir las exequias; y entregarse a los diversos servicios de la caridad.
Actualmente, la diócesis cuenta con 172 sacerdotes incardinados —sin contar aquellos que pertenecen a una orden religiosa, pero ejercen su ministerio en este territorio diocesano— y 6 diáconos permanente que desarrollan la actividad pastoral y sacramental en la Iglesia de Tui-Vigo.