17/06/2021

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San Alberto Chmielowski
17/06/2021

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San Alberto Chmielowski

Para que todos sean uno

Para que todos sean uno

¿Qué significa hablar del 13 de mayo para la Diócesis de Tui-Vigo? Cada año, esta cita imprescindible en la agenda presbiteral congrega al clero diocesano para renovar la consagración del Seminario al Corazón de Jesús, que este  2021 cumple su centenario, y para celebrar las “bodas sacerdotales” de diamante, oro y plata, como es habitual desde hace tres cuartos de siglo.

En esta ocasión, el templo tudense de San Francisco se engalanó para acoger la eucaristía en la que se dio gracias por el ministerio sacerdotal de quince sacerdotes diocesanos y salesianos, a los que se sumaron el obispo emérito, Mons. José Diéguez Reboredo —que no pudo estar presente— y Mons. Luis Quinteiro Fiuza, actual obispo. Medio centenar de presbíteros acompañaron a los homenajeados, junto a profesores y alumnos del Seminario Menor y vecinos del entorno.

La Iglesia de Tui, tal y como explicó Mons. Luis Quinteiro durante su homilía, demostró estar en sintonía con el momento eclesial de la España de 1921.  Tres años antes, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se había enraizado debido a la consagración de España. Un siglo después, la villa tudense continúa demostrando su fidelidad a Dios a través de esta devoción. El obispo destacó que la presencia del clero, unido en comunión fraterna, manifiesta la alegría y la belleza de la vocación sacerdotal capaz de dar sentido a una vida

Como signo de una vida entregada al ministerio sacerdotal en la presencia del Señor, los homenajeados ofrecieron esa luz de Cristo al pastor de la Iglesia Diocesana, para manifestar su deseo de «alumbrar a las naciones», tal y como reza el himno del Seminario al Sagrado Corazón.  

Después de la bendición, en un metódico orden, los asistentes se encaminaron del templo al claustro sur para adorar la Eucaristía y renovar esa consagración en íntima unión espiritual con el monumento del Sagrado Corazón de Jesús, obra del escultor italiano Lucas Arricina. El obispo rezó la oración y, al finalizar, el coro entonó aquel himno centenario con un deseo claro: «fórmanos sacerdotes a tu imagen para alumbrar al mundo con tu luz; sacerdotes que recen y trabajen y que amen tus espinas y tu cruz».

Antes de las felicitaciones, el obispo de Tui-Vigo y los homenajeados posaron ante el monumento para dejar retratado un recuerdo de la jornada que permanecerá a la espera de ser recuperado, posiblemente, en el próximo (bi)centenario.

Las sonrisas y la memoria consiguieron salvar las distancias de seguridad entre las asistentes a la comida fraterna, limitada a apenas unos cincuenta comensales. Con la llegada del postre, solo quedaba el desenlace: el regalo que el obispo entregó como agradecimiento físico de casi una vida al servicio de la Iglesia.

La despedida de Mons. Luis Quinteiro se convirtió en una invitación a recordar aquellos rostros que han formado parte de la historia de la vocación personal; rostros con nombre que, poco a poco y de la mano, han acompañado a cada sacerdote en su camino de discernimiento. Pero también una invitación a rememorar la ilusión de una vocación, de una existencia consagrada —anhelos, pensamientos, deseos, inteligencia, afectos, voluntad…— a Cristo que pueda inspirar a otros jóvenes a descubrir ese mismo sendero que Dios ha dibujado para su vida.

Hablar del 13 de mayo en la Diócesis de Tui-Vigo, en definitiva, es hablar de la fidelidad de una vocación sacerdotal marcada por las alegría y las debilidades de la vida, pero, sobre todo, es sentir que se cumplen las palabras de Jesús antes de la Pasión: «para que todos sean uno».

Celebración de las bodas sacerdotales y renovación de la consagración al Corazón de Jesús en el centenario.
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