2/10/2022

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Santos Ángeles Custodios
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Peregrinos brasileiros acuden a Ribarteme «polos caminhos do beato Manuel»

Peregrinos brasileiros acuden a Ribarteme «polos caminhos do beato Manuel»

Foto: El padre Manuel Gómez junto a su monaguillo Adilio.

Un grupo de veintiún feligreses laicos y tres sacerdotes de la diócesis brasileña de Frederico Westphalen, en Rio Grande do Sul, estarán de viaje entre nosotros recorriendo «Os caminhos do Beato Manuel Gómez González», copatrono ahora de su diócesis pero nacido en san José de Ribarteme (As Neves) en 1877 y martirizado después en 1924, con su monaguillo Adilio, mientras misionaba en aquellas tierras brasileñas. Ambos fueron beatificados el 21 de octubre de 2007. De viaje en España los peregrinos a la cuna de su copatrono aprovecharán esta peregrinación para acercarse también a Santiago de Compostela, a Fátima y a diversas ciudades de Portugal.

El programa de los peregrinos «polos caminhos do Beato Manuel» prevé para el día 5 de septiembre: «visitar la pequeña población de san José de Ribarteme, localidad en donde nació el padre Manuel, la iglesia en la que fue bautizado y confirmado, visitar a sus familiares y asistir a la santa misa en la iglesia de san José de Ribarteme, además de las iglesias del territorio portugués en donde ejerció su ministerio el Padre Manuel». Y el programa del día siguiente, 6 de septiembre, contempla «visitar el Seminario en donde estudió y la catedral en la que recibió la ordenación sacerdotal».  

El padre Manuel Gómez nació en san José de Ribarteme (As Neves) en 1877, en el seno de una familia campesina. Fue ordenado sacerdote en Tui 1902. Ejerció su ministerio sacerdotal durante un breve período de tiempo en esta su diócesis, para luego pasar a la de Braga (Portugal) hasta que la persecución religiosa le obligó a trasladarse a Brasil. En este nuevo destino sería nombrado párroco de Nonoai, vasta parroquia que recorrió a lo largo y a lo ancho fundando pequeñas comunidades, en las que promovió y organizó la catequesis e impulsó la participación sacramental. Con tenacidad y gran celo apostólico logró vencer la indiferencia de mucha gente; así mismo, contribuía a mejorar la calidad humana en la vida de los fieles. Dado que no había escuelas en aquellos lugares, abrió una en su propia casa; en ella enseñaba gratuitamente a niños y adolescentes. Además, como había gran carestía de todo, construyó un horno para la fabricación de ladrillos y así pudo edificar la casa parroquial y viviendas para los más pobres. Restauró la iglesia y se esforzó por fomentar también el cultivo de arroz y patatas. Como atestiguan los que le conocieron, era un sacerdote alegre y caritativo.

El obispo le pidió al padre Manuel que fuera a visitar a un grupo de colonos brasileños de origen alemán instalados en la floresta de Três Passos. Los fieles indígenas avisaron al sacerdote del peligro que correría si penetraba en la selva; eran momentos de revolución y luchas sangrientas.  Al llegar al emporio, en busca de información sobre cómo llegar a los colonos, se encontraron con algunos militares que, amablemente, se ofrecieron para acompañarlos. En verdad, se trataba de una emboscada organizada premeditadamente. El padre Manuel y su acólito Adílio Daronch (16 años) fueron llevados a una zona remota de la floresta, donde los esperaban los jefes militares para asesinarlos. Fueron maltratados y luego atados a dos árboles y fusilados, por odio a la fe cristiana el 21 de mayo de 1924.  Durante el pontificado de Benedicto XVI fueron beatificados el 21 de octubre de 2007, en Frederico Westphalen, Brasil.

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