15 de mayo de 2026,
San Isidro Labrador

Proclamad con alegría la esperanza de la Resurrección

Proclamad con alegría la esperanza de la Resurrección
FOTO.- Bendición del fuego en el atrio de la concatedral viguesa | © Diocese de Tui-Vigo

La lluvia concedió una tregua al caer la noche que permitió encender la pequeña hoguera con la que daba comienzo, en el atrio de la concatedral-basílica, la vigilia pascual. A las 22:00 horas, el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, acompañado por el emérito, iniciaba la celebración de la vigilia pascual con la bendición del fuego, que simboliza la luz de Cristo resucitado que viene a iluminar las tinieblas. A continuación, el prelado se encargaba de clavar en el cirio pascual los cinco granos de incienso, que representan las cinco llagas de Jesús: los tres clavos que le atravesaron las manos y los pies, la lanza clavada al costado derecho del torso y las espinas sobre su cabeza.

Desde Praza da Igrexa, entre transeúntes que iban y venían, los numerosos fieles que participaban en la vigilia pascual atravesaron la puerta de la concatedral-basílica a oscuras con la única luz del cirio, cuya llama encendía las velas de los fieles. Una vez en el altar mayor, se encendieron las luces para entonar el pregón pascual a cargo del sacerdote Juan Andión.

Tras liturgia de la Palabra que nos invitaba a recorrer la historia de la salvación de Dios para con los hombres, desde la creación pasando por la liberación del pueblo de Israel de Egipto hasta la resurrección de Cristo, el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, expresó que «en esta noche, celebramos lo más grande que podemos celebrar: Cristo, el Señor, pasa de la muerte a la vida. En él encuentra apoyo nuestra esperanza. En Cristo resucitado la humanidad recobra la chispa divina que le fue arrebatada por el pecado. Dios se hizo hombre para que el hombre sea divinizado».

Las protagonistas del Evangelio proclamado fueron las mujeres que, tal y como puso de manifiesto el prelado, «acudieron rotas al sepulcro y volvieron con un mensaje». El prelado tudense resumió el anuncio de estas mujeres, convertidas en testimonios de la resurrección, en tres frases: «Jesús vive. No temáis. Alegraos». En este sentido, monseñor Antonio Valín subrayó la importancia ser testigos de la alegría que brota del corazón ante la gran noticia de la noche; «una alegría que permanece aún cuando la vida nos da bandazos, porque la fuerza del resucitado expresa que nunca seremos vencidos». Por ello, ante cualquier situación, los cristianos «debemos mantener la confianza en ese Dios que nos da la vida».

El obispo de Tui-Vigo recordó que, como las mujeres del Evangelio, «tenemos que proclamar mil veces que ese Jesús sigue vivo, aunque no nos hagan caso. Cristo pasa de la muerte a la vida; el mal, la desesperanza no tiene futuro. El futuro es la vida».  Así, el prelado exhortó a los fieles a anunciar, «con vuestras palabras y con vuestras obras, que ese Cristo está en medio de nosotros y nos llena de esperanza».

La celebración concluyó con un alegre y unánime «aleluya», expresión del júbilo pascual y esperanza renovada para la Iglesia y el mundo. Durante 50 días desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés, la Iglesia celebra el tiempo litúrgico de la Pascua, en el que los cristianos estamos llamados a vivir con alegría y exultación la gran noticia de la fe: Jesucristo ha vencido a la muerte, ha resucitado y vive para darnos a nosotros la vida en plenitud.