Cada año, el 13 de mayo, los sacerdotes de la diócesis de Tui-Vigo se congregan en la ciudad tudense para renovar con gozo la consagración del Seminario al Sagrado Corazón de Jesús y homenajear a aquellos presbíteros que, a lo largo del año, celebrarán sus bodas de diamante, oro y plata. En concreto, este año, fueron siete los sacerdotes homenajeados, así como el obispo de Abancay (Perú), Mons. Gilberto Gómez, que, natural de Albeos (Crecente), celebra 50 años de su ordenación sacerdotal.


Por primera vez desde su ordenación episcopal y toma de posesión, el obispo de Tui-Vigo, Mons. Antonio Valín, presidió la eucaristía en el templo parroquial de san Francisco, anexo al Seminario Menor de Tui, acompañado por el obispo emérito, monseñor Luis Quinteiro, y por el obispo de Abancay, monseñor Gilberto Gómez, así como los siete sacerdotes homenajeados y numerosos sacerdotes diocesanos. Durante su intervención, el prelado tudense, citando las palabras del santo cura de Ars, expresó que «el sacerdocio es la manifestación del amor que el corazón de Jesús tiene por la humanidad y que se expresa a través de la vida, ministerio y presencia de los presbíteros en medio del mundo».


En un día en el que la diócesis de Tui-Viga agradece la fidelidad de la vocación sacerdotal, monseñor Antonio Valín recordó que la vida de los sacerdotes «es un don y una tarea. Cada uno de nosotros, con nuestras virtudes y con nuestros pecados, somos cauces del amor de Dios manifestado en Cristo, llamados a repartir ese amor; a manifestarlo en gestos y en palabras, siendo pastores unidos al buen pastor. Nuestro Dios ama el mundo pastoreando a su rebaño, tomando la iniciativa del amor, de la misericordia y de la solidaridad. Somos, como nos decía Benedicto XVI, instrumentos para la difusión y el amor de Dios».
Contemplando la entrega de Cristo por la humanidad, subrayó el obispo, «nos sentimos impulsados a dar la vida por nuestros hermanos, haciendo de nuestra existencia un servicio generoso y desinteresado a todos. El sacerdote y la Iglesia o es servidor, o servidora, o no tiene un sentido. La única y verdadera potestas [autoridad] de nuestro ministerio es la que proviene y deriva del servicio de los demás. Sólo así entenderemos lo que significa ser presbítero en medio del mundo».


Monseñor Antonio Valín finalizó su intervención pidiendo que «el corazón de Jesús fortalezca la capacidad de amar y de servir de todos nosotros; nos impulse para que aprendamos a caminar más juntos, hacia un mundo cada vez más empapado del amor de Dios. No dejemos de ser nunca, como nos decía Teresa de Lisieux, en el corazón de la Iglesia, nuestra madre, el amor: esa es nuestra vocación. Ponemos ese deseo en manos de la virgen María, que hoy celebramos en la advocación de Nuestra Señora de Fátima».
Una vez terminada la celebración, desde el templo, sacerdotes y fieles procesionaron con la forma eucarística hasta el claustro del Seminario, donde renovaron la consagración ante la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, como vienen haciendo desde hace más de un siglo. Allí, ante esa imagen, los sacerdotes, jóvenes y mayores, unen sus voces para entonar el himno al Sagrado Corazón, compuesto por el poeta y obispo, monseñor Manuel Lago González, y musicalizada por el maestro de capilla de la catedral de Tui, Martínez Pose, pensado para orquesta y para un coro de cinco voces. Daniel Goberna, prefecto de Música de la catedral de Tui y encargado de dirigir el canto del himno, destaca que «gracias al entusiasmo, la pasión y el cariño que permanece en el corazón de muchos sacerdotes podemos seguir cantando este himno, año tras año, aunque sea con un pequeñito ensayo».


Previamente a la celebración de la eucaristía, la jornada comenzó con la conferencia «Ministerio orante: la oración en la vida del sacerdote», impartida por Florentino Pérez Vaquero, sacerdote y director de la Subcomisión para Seminarios de la Conferencia Episcopal Española. Además, monseñor Gilberto Gómez, obispo de Abancay (Perú) presentó sus dos últimas obras «En tus manos» y «Terriña».


La jornada finalizó con una comida de confraternización en la que se entrega un pequeño obsequio en reconocimiento por la fidelidad y perseverancia a esos sacerdotes que celebran sus bodas de diamante —Jesús Montero Barrera—, oro —Julio Ramos Rodríguez, Manuel Ángel Rodríguez Luis, Antonio Gálvez Tomey (Claretiano) y Leoncio Mulero Collantes (Carmelita)— y plata —Miguel Ángel Castro Quintero y José Benito Cividanes Alonso—. En esta ocasión, se sumó al homenaje monseñor Gilberto Gómez, obispo de Abancay (Perú) y natural de Albeos (Crecente).