4/06/2020

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San Francisco Caracciolo

San Telmo en la gripe de 1918 y en el COVID 19

San Telmo en la gripe de 1918 y en el COVID 19

Avelino Bouzón Gallego

Canónigo archivero de la catedral de Tui y párroco de San Bartolomeu de Rebordáns

Estos días de obligado confinamiento he dedicado parte del tiempo a leer libros que tenía en la lista de espera. Acabo de terminar “La gripe de 1918 en Tui” (Coruña 2018), del médico tudense Rosendo Bugarín González. En la semblanza de la solapa de la cubierta dice que el doctor Rosendo nació en la calle Martínez Padín y también vivió en la calles Ordóñez y San Telmo. Hizo sus primeros estudios en el colegio de la Milagrosa e integró una de las últimas promociones de la escuela pública de la calle Sanz, además perteneció al primer grupo de BUP del Instituto San Paio. En 1979 se trasladó a Santiago Compostela, donde se licenció y doctoró en medicina. En 2013 fue el pregonero de las fiestas de San Telmo, patrono de la ciudad de Tui y de la diócesis de Tui-Vigo y protector de marineros y navegantes.

Las 261 páginas del libro se distribuyen en dos prólogos, la introducción que hace el autor, quince capítulos y un epílogo. En la portada figura esta dedicatoria: “A la memoria de los doctores Darío Álvarez Limeses, Victoriano Bugarín Comesaña, Alejo Diz Jurado y Telmo Fernández Vila, que lucharon en Tui, de forma épica, contra la pandemia de gripe de 1918”. Añade la estrofa “We can be heroes” [podemos ser héroes] de la canción “Heroes” de David Bowie, si bien no incluye la estrofa que precede y sigue: “Just for one day” [solo por un día].

La información sobre la expansión de la pandemia de 1918 y sus efectos está sacada principalmente del periódico “La Integridad”, que el doctor Bugarín elogia diciendo que “fue un excelente medio de comunicación que mantuvo una información actualizada y ponderada de la epidemia, tanto a nivel nacional como regional y local. Su calidad no tuvo nada que envidiar, e incluso fue superior, a la de otros diarios más poderosos en cuanto a presupuesto y número de lectores”.

En otro sentido, señala que desea dar a conocer que el mencionado periódico, publicado en Tui entre 1888 y 1925, lo heredó su padre, quien lo donó al Archivo de la Catedral “para el disfrute de todos aquellos que quieran investigar nuestro pasado reciente” (p. 260).

Aquella epidemia produjo el contagio en tres momentos diferentes. Una primera oleada ocurrió en la primavera, la segunda en otoño, que fue la que causó más muertos, y la tercera en la primavera de 1919. Parece que los que padecieron la enfermedad en el primer periodo quedaron inmunizados y protegidos para los siguientes rebrotes. La situación se volvió tan terrorífica que “en algún momento del verano, el virus se convirtió en un eficaz agente mortífero. En muchas ocasiones, actuaba con tal velocidad que un paciente empezaba a toser por la mañana y moría por la noche” (p. 98). El 3 de junio de 1918 aparecieron los primeros afectados en Tui, entre los soldados del cuartel de Santo Domingo y de la marinería del cañonero Perla (p. 99).

Ante la situación mundial provocada por el Covid 19, se puede afirmar que la conclusión del libro tiene un sentido profético y de palpitante actualidad. Copio literalmente el último párrafo. “tenemos que ser humildes, no podemos caer en la prepotencia de que algún día venceremos definitivamente a los microorganismos. Hay quien dice que la vida, la evolución, la adaptación al medio, es la lucha continua entre los seres microscópicos (virus, bacterias) y los multicelulares, entre los cuales nos encontramos los seres humanos. Siempre que venzamos a un microorganismo aparecerá otro perfeccionado que nos hará más daño y será más difícil de erradicar. Es un cíclico equilibrio de flujo y reflujo”.

En la presentación del autor de la obra “La gripe de 1918 en Tui”, decía que el doctor Bugarín había sido el pregonero de las fiestas de San Telmo en 2013. Pero este año no habrá pregón, ni misa solemne, ni procesión, ni tómbolas ruidosas, ni pirotecnia de colores en el firmamento tudense. El riesgo de contagiarse con el coronavirus, potencialmente mortal, aconseja extremar las precauciones y evitar las grandes aglomeraciones.

Aunque en el mencionado libro se indica que en la pandemia de 1918 se suprimieron las masivas concentraciones de ocio, sin embargo se exceptuaron y respetaron los actos de culto y manifestaciones religiosas para no aumentar más la desmoralización de los habitantes y evitar un incremento de la alarma social. Por otra parte se limitó el toque de campanas “para no deprimir el espíritu público”, por eso en algunas parroquias se prohibió tocar a muerto.

El 7 de octubre de 1918, un grupo de personas de Tui dirigió una instancia al Deán y Cabildo de la Catedral de Tui, manifestando que deseaban “impetrar de Dios Nuestro Señor que preserve a este pueblo de los males de la epidemia reinante, por intercesión del Glorioso Patrón de esta ciudad y de la Diócesis […], suplican se digne conceder el oportuno permiso para celebrar un novenario a dicho excelso Santo en el altar mayor de esta Santa Iglesia Catedral a la hora de la oración, para que de este modo sea mayor el concurso de fieles. Además, los que subscriben y el pueblo fiel, cuya representación obstentan [sic], verán con grandísima complacencia, que esa Excma. Corporación se asocie a esos cultos”. Siguen trece firmas al pie de la instancia que se conserva en el Archivo de la Catedral.

La devoción a San Telmo se ha transmitido de padres a hijos y se conserva extraordinariamente viva en todos los tudenses, así como en todos los pueblos del Baixo Miño y en muchos lugares del mundo. Por eso nuestro patrono ejercerá su intercesión valiosa para que remita la virulencia del Covid 19 y podamos, cuanto antes, celebrar este año la novena y participar en la misa en su honra. ¡Que San Telmo nos lo conceda!

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