14 de abril de 2026,
San Telmo

Vigo acogió el primer encuentro interdiocesano de diáconos permanentes y sus familias

Vigo acogió el primer encuentro interdiocesano de diáconos permanentes y sus familias
FOTO.- Foto de grupo en la capilla de Nuestra Señora de A Guía en Vigo | © Diocese de Tui-Vigo

El sábado 9 de agosto, el colegio Apóstol Santiago en Vigo acogió el primer encuentro interdiocesano de Galicia de diáconos permanentes, candidatos y aspirantes al diaconado, y sus familias. Hasta la ciudad olívica se desplazaron más de cuarenta personas para vivir una jornada de encuentro, fraternidad y reflexión. Durante la mañana, el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, acompañó al grupo y presidió la eucaristía en la capilla del colegio, acompañado por el vicario de Pastoral de la archidiócesis de Santiago de Compostela, Javier Porro.

Hasta ahora, no se había establecido ningún encuentro formal de los diáconos permanentes de la provincia eclesiástica de Santiago de Compostela. Ignacio Delgado, coordinador de este encuentro, explica que «el año pasado, con motivo de una ordenación diaconal, nos reunimos varios diáconos y candidatos en la zona de Betanzos-Aranga. Fue muy positivo y, de ahí, surgió la idea de establecer unos encuentros regulares». Así, se acordó que la fecha de estos encuentros anuales sería el sábado más próximo a la festividad de san Lorenzo —diácono y mártir español, cuya memoria litúrgica la Iglesia celebra el 10 de agosto—. En esta ocasión, la diócesis de Tui-Vigo fue la encargada de la acogida, pero, en 2026, le tocará el turno a la diócesis de Ourense.

Esta jornada constituye un espacio «de puro encuentro, de conocerse, de estar juntos y, sobre todo, con las familias», incide Ignacio Delgado. Cobra especial relevancia, la figura de la esposa «porque a veces sus maridos están comprometidos y, aunque la mujer sabe que es algo bueno, se puede sentir un poco sola. Encuentros de este tipo ayudan mucho a tomar perspectiva», aclara Delgado.

Maricarmen, la esposa de Xosé Manuel que lleva 8 años como diácono permanente, comparte que «al principio, costó un poco, porque había muy poca información de lo que suponía para la vida familiar que una persona fuera diácono». Asumir las responsabilidades del diaconado supone adaptar la vida familiar, por eso «la labor de la familia y de la esposa es acompañar. A los hijos, si se tienen, hay que explicarles también que la vida va a cambiar y que, aunque su padre esté más tiempo fuera, el tiempo que se pase con él debe ser de calidad». Maricarmen expresa con alegría que este tipo de encuentros ayudan, «principalmente, a conocernos; luego, a compartir la fe», disfrutando también de un día lúdico en el que compartir experiencias, reflexiones e incluso miedos.

En algunos casos, los diáconos, candidatos y aspirantes asistieron, no sólo con sus esposas, sino también con sus hijos. Con sólo 12 años, Ignacio, hijo de Teresa y Nacho, se alegra de que su padre —Ignacio Delgado— sea diácono permanente: «creo que lo puede hacer muy bien, porque él tiene muchísima fe y siente mucho a Cristo. También es muy responsable; cuando le encargan una labor siempre la cumple». Para Ignacio, su padre, que también es su profesor de Religión, es un ejemplo de fe: «junto a mi madre, ha sido quien me ha descubierto la fe —me ha enseñado a confesarme, siempre rezábamos juntos…—. Me enorgullece que sea diácono permanente».

Desde hace algunos años, la Iglesia está recuperando y potenciando la figura del diácono permanente. El obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, subraya que es fundamental, ya que «colaboran muchísimo en las parroquias, no solamente en la Liturgia, sino también en la caridad, en la enseñanza de la Palabra, en la catequesis…». En este sentido, afirma que tanto estos encuentros, como el diaconado permanente «son un regalo, no sólo para cada una de las diócesis, sino también para toda Galicia, porque significa un proyecto de futuro».

Para Amancio Moure, diácono permanente en la diócesis de Ourense desde hace 4 años, «ser diácono es una vocación y un servicio para la Iglesia. Supone responder a una llamada del Señor para entregarte a los demás, desde el punto de vista del ministerio del diaconado». En lo que respecta a estos encuentros interdiocesanos y a los encuentros anuales que promueve la Conferencia Episcopal Española, Amancio cree que es una oportunidad para enriquecer «la visión que tienes de tu ministerio y es una manera de estar todos en comunión, porque estamos todos en el mismo barco. Estamos con gente como nosotros que está en clave de misión, de vocación».

El pasado 28 de junio, Manuel Marín fue ordenado diácono permanente en la catedral de Tui. Mes y medio después, Manuel reconoce que, ese día, «se sintió muy acogido por su familia y por toda la gente que me conoce. Estoy sumamente agradecido al Señor, porque me está dando esta oportunidad de ser una herramienta al servicio de los demás». Respecto al encuentro del sábado, expresa que fue un «encuentro gratificante y enriquecedor», durante el que poder «intercambiar inquietudes y experiencias. Veo que poco a poco se va haciendo una familia de diáconos en Galicia. No todos realizamos la misma labor, pero todos somos herramientas al servicio de la Iglesia. Todos ponemos nuestro granito de arena allí donde se nos necesita y donde se nos llama».

Tras la eucaristía de la mañana, el grupo se acercó hasta la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, en el monte de A Guía, donde el párroco, Ramón Lera, ofreció una pequeña visita guiada por los orígenes y la evolución de la capilla. Desde la torre del campanario, pudieron contemplar las vistas de la ciudad olívica, teñida por la niebla que, poco a poco, comenzaba a despejar. Por la tarde, hubo espacio para la reflexión y para compartir diversas experiencias, entre ellas, el Jubileo de los Diácono en Roma, en el mes de febrero.

En total, la provincia eclesiástica de Santiago de Compostela cuenta con 15 diáconos permanentes que desarrollan su ministerio en diversas parroquias de sus diócesis de origen. Los diáconos permanentes pueden asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de la Eucaristía y en la distribución de la comunión; asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo; proclamar el Evangelio y predicar; presidir las exequias; y entregarse a los diversos servicios de la caridad.