9/05/2021

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VI Domingo de Pascua

Y Tomás creyó

Y Tomás creyó

Y Tomás no daba creído. El testimonio de sus hermanos no era suficiente para aceptar la resurrección del Maestro. Necesitaba ver para creer. Tocar, sí, tocar al Señor. Las heridas en las que metió el dedo no es solo una prueba contra la incredulidad. Las heridas son la demostración de que el Señor había sufrido, sacrificado su vida en la cruz. Que no es un dios al uso de las narraciones mitológicas. Es el que acepta el ser humillado, el ir a los infiernos, a donde están las generaciones esperando los tiempos nuevos. 

Creer es tocar las heridas de Hijo que se levanta de la muerte y levanta de las heridas a la humanidad. Creer es ver cara a cara la mirada de la misericordia. Creer es proclamar «Señor mío y Dios mío».

Y Tomás no daba creído. El testimonio de sus hermanos no era suficiente para aceptar la resurrección del Maestro. Necesitaba ver para creer. Tocar, sí, tocar al Señor. Las heridas en las que metió el dedo no es solo una prueba contra la incredulidad. Las heridas son la demostración de que el Señor había sufrido, sacrificado su vida en la cruz. Que no es un dios al uso de las narraciones mitológicas. Es el que acepta el ser humillado, el ir a los infiernos, a donde están las generaciones esperando los tiempos nuevos. 

Creer es tocar las heridas de Hijo que se levanta de la muerte y levanta de las heridas a la humanidad. Creer es ver cara a cara la mirada de la misericordia. Creer es proclamar «Señor mío y Dios mío»

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.

Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegria al ver al Señor.

Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.

Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.

Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Xabier Alonso

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