25/02/2021

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San Cesáreo

«No debemos tener miedo a ser generosos, porque lo que hemos dado lo vamos a recibir en múltiples formas que te harán crecer como persona»

«No debemos tener miedo a ser generosos, porque lo que hemos dado lo vamos a recibir en múltiples formas que te harán crecer como persona»

O pasado 27 de novembro, a Diocese de Tui-Vigo, mediante unha misa presidida polo bispo, Luís Quinteiro, na parroquia do Sacro Corazón, agradecía publicamente o labor realizado polas Fillas da Caridade no Comedor da Esperanza. Aquel venres, a acción de grazas fundíase cunha despedida cara á comunidade relixiosa que abandonou a obra social do Comedor, aínda que o seu traballo continúa no Colexio Plurilingüe O Neno Jesús de Praga.

Ata a súa partida, a dirección do Comedor da Esperanza recaía sobre a irmá Sor Fernanda que aterrou en Vigo fai sete anos. Ao principio, o seu labor principal era a atención aos menores da casa que as Fillas  vicencianas xestionaban, xunto coas educadoras; ata que a comunidade relixiosa retirouse.

Como directora do Comedor, a sor Fernanda tocoulle xestionar a repartición de comida durante o Estado de Alarma e o confinamento, período no que preparaban 220 menús diarios —con comida e cea—. Agora, afronta con ilusión esta nova etapa da súa vida que a leva a Oviedo, a unha cociña económica na que se atendan a ao redor de 300 persoas diarias.

Cando falamos de caridade, a nosa mente rapidamente pensa en “axuda económica”, pero o acompañamento tamén é unha parte importante. Como se concreta ese acompañamento no comedor da Esperanza?

Viendo cómo ha evolucionado el colectivo que asiste a los comedores y sus demandas, te das cuenta de que comer sólo no llega para las personas — inmigrantes, jóvenes y mujeres; personas muy formadas cultural y profesionalmente—. Necesitan orientación laboral, conocer sus derechos y saber cómo arreglar papeles para conseguir subvenciones, o simplemente ser escuchados.  El ocio también resulta muy importante, por eso empezamos a hacer salidas que mezclaban la cultura.

Además, contratamos a una trabajadora social que estudiaba cada caso para averiguar sus necesidades e intentamos conocer todos los recursos que la ciudad tenía para beneficiar a estas personas en riesgo de exclusión.

Cando falamos de acompañar, incluímos tamén o acompañamento espiritual?

Una cosa que me gustaba mucho del Comedor de la Esperanza era la atención espiritual, sobre todo, cuando vi que los usuarios la demandaban, que también la necesitaban. Tuvimos una temporada en la que fallecieron muchísimas personas del comedor, especialmente durante la pandemia, y los usuarios sabían que en algún momento íbamos a tener una eucaristía por todos. En Navidad, procurábamos celebrar con ellos la fiesta, pero sin ningún tipo de discriminación; nosotras atendíamos a todos. 

Se tivese que resumir nunha palabra cal é a misión do Comedor da Esperanza, cal sería?

Yo diría “nueva oportunidad” porque para mí la labor del Comedor de la Esperanza es ofrecer oportunidades y abrir caminos a quien se acerca. La comunidad ya no está presente, pero el patronato continúa con la labor del comedor en esa dinámica. Es cierto que se necesita dinero, pero si lo que prima es el amor, la providencia nunca va a dejar de salir ante esa atención que se necesita; el dinero aparecerá, a lo mejor no en efectivo, pero sí en especies.

Tocouche vivir todo o período do confinamento. Como foi esa experiencia?

Desde el momento en el que se produce el confinamiento y el Estado de Alarma, cuando la gente ya no pudo entrar en el comedor, nos adaptamos y entregamos la comida en bolsas o tuppers —gracias a la colaboración de empresas y de la ciudadanía nunca nos faltaron—. Reforzamos la bolsa para que pudiesen tener comida y cena, porque la idea era que la gente no estuviera por la calle —no teníamos claro que los usuarios pudiesen asistir a otros servicios que ofrecían meriendas—.

El ayuntamiento comenzó a entregar la comida a domicilio o bien en puntos señalados. Si a todos nos costó iniciarnos en este camino de mascarillas y distancia, a esta gente más todavía y eso conllevaba un peligro para ellos mismos y para los voluntarios que atendíamos en el comedor.

Nosotros ni siquiera sabíamos a qué gente entregábamos la comida. Suponíamos que era gente que venía al comedor, pero las demandas se filtraban a través del ayuntamiento y nosotros seguíamos con esa idea de que no es solo “dar de comer”; la gente no puede recibir una bolsa fría. Por eso, se nos ocurría, en fechas muy concretas, hacer algo especial como, por ejemplo, incluir una piruleta el Viernes Santo o mandar mensajes que habían hecho los niños del hogar o los propios voluntarios.

Cal foi a maior dificultade durante este tempo?

El voluntariado, porque la mayoría eran mayores de 70 años. Tener confinados a los niños, implicaba un protocolo estricto de entrada, y la comunidad no contaba con el número suficiente de hermanas para poder atender el comedor. En estas obras sociales hay un mínimo de trabajadores y monjas de la comunidad, pero luego trabajas con voluntarios.

Y en ese contexto, la providencia nos sopló, como dice San Vicente, al pedir la colaboración de los sacerdotes diocesanos más jóvenes y a través de la Cónfer, de los religiosos que podían, teniendo en cuenta la complejidad de sus comunidades —en muchas son todos mayores de 70 años—.

Relixiosos e diocesanos traballando conxuntamente, como describirías o traballo en equipo?

Fue una ocasión de mostrar la unidad de la Iglesia, de que podíamos trabajar juntos religiosos con presbíteros diocesanos. Estoy convencida de que esto va a redundar en el bien de la Diócesis y, personal y vocacionalmente, de cada uno de nosotros porque cayeron ideas preconcebidas al ver el trabajo escondido de una obra caritativa en la que, sin ser de la Iglesia, hay parte de la Iglesia.

Fue una experiencia muy buena con la que hemos creado unos lazos de amistad que van a perdurar porque no solo era trabajar juntos, sino celebrar y compartir las preocupaciones que esta situación iba creando. Además, éramos capaces de comentar cosas profundas sobre nuestra vida, sobre cómo acercarnos a la gente.

Javier Alonso coordinaba a los sacerdotes diocesanos, que venían en dos turnos de dos horas durante la mañana; por la tarde estaba el padre Abel. En el Comedor, había que hacer de todo, no es sólo preparar la comida, sino también que fregar, descargar palés, etc. Al igual que se fue evolucionando en la relación personal, también ellos veían cuál era la situación en la casa y no venían sólo dos horas para cumplir, sino que había una mayor implicación.

Otra cosa que destaco fue, no sólo la capacidad que tuvimos para el trabajo, sino la capacidad que tuvimos para orar juntos, celebrar juntos. Coincidieron allí tres sacerdotes que celebraban las bodas de plata y organizamos una celebración festiva todos juntos., por lo que había tiempo para todo.

E agora que se vai, que mensaxe lle dá á Diocese?

Vais por buena senda, seguid teniendo presente a la gente que más lo necesita, porque eso, no sólo te va a engrandecer el corazón, sino que, cuanto más quieres, más vas a querer; quien con una mano da, con la otra va a recibir el ciento por uno, como dice el Evangelio.

No debemos tener miedo a ser generosos, porque lo que hemos dado lo vamos a recibir en múltiples formas que te harán crecer como persona. A mí, como Hijo de la Caridad, pero sobre todo como cristiana, muchísimo.

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