19/09/2020

,

San Jenaro

Súplica a la Santísima Trinidad ante la pandemia de Covid19

Súplica a la Santísima Trinidad ante la pandemia de Covid19

El Vicario General de la Diócesis y Párroco de Nuestra Señora de Fátima, D. Juan Luis Martínez Lorenzo, nos anima a rezar esta oración en este tiempo:

¡Mira a tu pueblo, Señor, que sufre apenado! Ten compasión de nosotros. No mires nuestros pecados. Detén tus ojos en quienes viven cumpliendo tu santísima voluntad. No nos abandones en estas horas de sufrimiento. Tu misericordia es más grande que nuestras miserias, y tu poder más inmenso que cualquier mal físico o moral.

Somos hechura de tus manos. A tu imagen y semejanza nos has creado. No te niegues a reconocer a quienes somos criaturas tuyas. Vuelve tu mirada una vez más hacia nosotros, que lloramos apenados, hacia los sanitarios y hacia todos aquellos que exponen sus vidas para garantizar la salud de los demás.

Aparta, Dios mío, esta pandemia que acaba con tantos hijos tuyos. No consientas que los niños sufran, que los padres y abuelos vivan en la angustia, y que todos suframos al ver cómo esta epidemia se extiende, silenciosa y mortal, saltando fronteras e invadiendo pueblos.

Necesitamos de tu gracia, de tu poder, de tu misericordia, porque nosotros nos vemos incapaces de vencer este azote. Nos encontramos impotentes, y profundamente necesitados de quien es nuestro Creador, nuestro Padre y Salvador.

Tu amor infinito nos ha dado la prueba más extraordinaria al enviarnos a tu Hijo muy amado. Él se hizo hombre, uno de nosotros, para salvarnos a todos. Él ha conocido el desprecio, el dolor, el escarnio. Todo lo sufrió por nosotros. A su sagrado Corazón nos acogemos con la confianza de que Tú, Padre mío, si ves que mis gritos no nacen de un corazón bien dispuesto, oigas a tu Hijo que te implora: “No les tengas en cuenta sus pecados”; “Consérvalos en la unidad”; “Apártalos de todo mal”; “¡Por ellos y para ellos he venido al mundo!”.

Envíanos, Padre, el soplo de tu Espíritu para que disipe las tinieblas  de la soledad, del dolor y de la muerte. Que por su acción renovadora vuelva a brillar la luz de la vida, de la paz, y aliente nuestros corazones con la audacia filial sustentada por la esperanza que no defrauda.

Mira a tu Hija, la Virgen Inmaculada, la Madre de tu Verbo encarnado, la Esposa del Espíritu Santo. Ella llora apenada al ver el peligro en que se encuentra la humanidad. Tú, Padre Santo, puedes consolarla consolándonos a nosotros. Devuelve a su bello rostro la sonrisa al contemplar Ella misma en sus hijos la alegría de la salvación que procede de Ti, Padre todopoderoso, de tu Hijo y de tu Espíritu Santo.

Amén.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on email
Email
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on print
Imprimir