25 de abril de 2024

,

San Marcos
25 de abril de 2024

,

San Marcos

Padre, envíanos pastores

Padre, envíanos pastores

Campaña del «Día del Seminario» 2024

Dentro de unos días celebramos en nuestra Diócesis el «Día del Seminario». Siempre ha sido importante esta jornada diocesana. En ella, pondremos de relieve en la vida de nuestras comunidades de fe lo importante que es para nosotros la vocación y la misión de nuestros pastores.

Hubo una época, ya lejana, en la que las vocaciones sacerdotales eran abundantes. Cada parroquia tenía su propio sacerdote y aún vivimos con la idea de que esto es lo normal. Sin embargo, con el paso del tiempo las cosas han ido cambiando hasta el punto de que, hoy, sentimos con cierta angustia y desazón la falta de sacerdotes para atender a nuestras parroquias.

Tener un buen pastor para nuestros fieles se ha convertido en la urgencia prioritaria de la Iglesia. No sólo es una preocupación de algunas diócesis muy secularizadas, sino la piedra de toque de la misión evangelizadora y misionera de toda la Iglesia. Sin buenos pastores la Iglesia siempre se sentirá huérfana.

Nuestra diócesis de Tui-Vigo necesita nuevos pastores y esta es su más decisiva preocupación pastoral. El obispo, los sacerdotes, religiosos y consagrados, así como todos los fieles laicos tenemos que empeñarnos a fondo en la tarea de promover la vocación de los nuevos pastores del mañana. Esto no sólo depende de nosotros porque sin la ayuda y la gracia de Dios toda acción humana es incompleta. Siendo esto así, nuestra responsabilidad, con todo, es grave.

Pienso que lo que nos falla no es la preocupación por las vocaciones sacerdotales. Todos, sacerdotes y laicos, sentimos la urgencia de reparar esta carencia vocacional. Y algunas personas se están entregando sin reservas a la pastoral vocacional. Los éxitos no nos están acompañando y tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo mal.

¿Es que Dios no sigue llamando a nuestros jóvenes? Conocemos, por experiencia de muchas personas, que Dios sigue llamando también hoy a los jóvenes; otra cosa es que tengan la convicción y la fuerza para decir sí a la vocación sacerdotal.

Una vocación consagrada y al sacerdocio es un gran misterio. Lo saben bien quienes alguna vez han acompañado a jóvenes en su proceso vocacional. No es una cuestión de método, siendo importante conocer bien la ruta; tampoco es una cuestión de pericia, siendo importante conocer las cosas del espíritu. Ayudar a alumbrar una vocación es ante todo una cuestión de fe, de oración y de infinitas horas de familiaridad y de acompañamiento.

Nuestras parroquias y nuestras comunidades cristianas tienen que poner absolutamente en el centro de sus cuidados la promoción y el acompañamiento de la vocación a la vida cristiana. No sólo en el campo de las vocaciones consagradas y del sacerdocio, sino en el campo mismo de la vocación a la vida cristiana en la juventud, en la vida matrimonial, en la vida del compromiso social y político.

Cuando una persona descubre y reconoce en su existencia la presencia real de Dios, su vida cambia y se abre a una perspectiva radicalmente nueva. Esto sigue aconteciendo hoy en la vida de tantas personas que por providencia de Dios se encuentran con Él.

Existen llamadas primeras de Dios que se presentan, muchas veces casi de repente, como un misterio insondable, pero existen sobre todo segundas llamadas que nos descubren el tesoro de la fe que estaba escondido en nuestras vidas después de muchos años de rutina y de abandono.

En este tiempo están aconteciendo muchas conversiones de personas que habían olvido su fe y que parecían alejadas para siempre.  En nuestras comunidades y parroquias acontecerán otras muchas segundas llamadas que renovarán la vitalidad de nuestra Iglesia. Esto aconteció en todas las épocas de la historia y seguirá sucediendo. Pero no tenemos que esperar a que aparezcan conversiones fulgurantes como las de San Agustín o la de Edith Stein. En nuestras parroquias, tenemos hoy a los que están llamados a renovar la vida de nuestra fe y tenemos que despertarlos.

De que seamos capaces de suscitar segundas llamadas de Dios entre nuestros fieles, dependerá, en gran parte, el futuro de las vocaciones en nuestra diócesis.

Con mi afecto y bendición.

 

+ Luis Quinteiro Fiuza,

obispo de Tui-Vigo