20/10/2020

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San Honorio

La Basílica, fuente de gracias del Cristo

La Basílica, fuente de gracias del Cristo

(Faro de Vigo 17/08/2020)

Lo he repetido muchas veces desde que disfruto de la gracia de ser el pastor de esta diócesis de Tui-Vigo y lo constato, emocionado, cada año en la inefable procesión de la tarde del primer domingo de agosto y de la que, con tanto dolor, este año hemos tenido que ayunar: “¡Vigo es muy muy cristiano!”, reitero con frecuencia.  Y lo es porque un gran número de vigueses, innumerables, en los momentos más gozosos de su existencia, lo mismo que en los más amargos -pues todos en la vida vamos catando los sabores y sinsabores que nos trae-, acudimos a beber a esa fuente de consuelo y de amor vivo que mana abundantemente en el altar mayor de nuestra, ahora concatedral-basílica, y que es la venerada imagen de nuestro Santísimo Cristo de la Victoria. La mayoría de los vigueses viven y beben de su confianza, que es fe, en nuestro Cristo.

Quiero destacar, aunque imagino que ya no lo desconocéis, que el título de Basílica menor – que he comunicado oficialmente a todos los diocesanos en la mañana del día de la Asunción de Santa María, patrona de la concatedral-basílica y de la ciudad de Vigo  y que nos concedió  la sagrada Congregación del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el pasado 14 de julio-, es una distinción que otorga el Papa a aquellas iglesias más importantes en atención a su historia y cultura y  a que son particularmente significativas en su vida litúrgica y pastoral.  Por ello me veo en la obligación de subrayar también que la concesión del título de Basílica Menor no es solo un honor, que agradecemos al papa Francisco, sino que al mismo tiempo se convierte en un compromiso, que  fortaleciendo aún más nuestra vinculación con el Santo Padre, nos obliga a la vez a potenciar desde esa comunidad y parroquia – creo que debería añadir que desde todas las parroquias y comunidades de la ciudad-,  a promover la ejemplaridad y relevancia de la nueva concatedral-basílica como el centro de especiales y concurridas celebraciones litúrgicas, así como el imán de una pastoral renovada tanto en la ciudad como en toda la diócesis. El cofre que alberga la imagen y la devoción del santísimo Cristo de Vigo bien pudiera ser en el futuro, como ya lo es en muchos aspectos en el presente, manantial y cumbre de la vida espiritual y pastoral de nuestra ciudad y su entorno.

El tiempo nos irá marcando las determinaciones que en ese sentido hayan de tomarse para programar objetivos de una evangelización “en salida”, pues este templo debe ser, aún más, motivo y ejemplo de comunión celebrativa y de empuje pastoral en la ciudad y la diócesis.

Junto con la gratitud que ya he mostrado al santo Padre por este regalo a la ciudad de Vigo, es de justicia dar gracias también públicamente a don Moisés, el guardián del santo Cristo, por su generosa perseverancia en todo el proceso de solicitud  de esta concesión.

Y por no entretenernos más  de momento, me gustaría destacar que entre las múltiples gracias y honores recibidos con la condición de basílica a nuestra concatedral, no carece de importancia cultural para beneficio de la ciudad,  el que el Vaticano haya elevado a la condición basílica a la conocida popularmente como la colegiata,  aunque ya no lo sea desde el Concordato de 1851; y que además fue elevada a concatedral por san Juan XXIII en 1959, como la sede viguesa de la desde entonces diócesis de Tui-Vigo. Creo que así se realza aún más el valor artístico de esta joya de la arquitectura religiosa, el templo más importante de la ciudad, como uno de los mejores ejemplos del neoclásico en Galicia, obra del arquitecto Melchor de Prado Mariño (1836).

La concatedral basílica de Santa María sigue siendo el albergue en que guardamos el tesoro que es la imagen del Cristo de Vigo, que allí nos recibe y nos aguarda cada día. Es esta una extraordinaria ocasión para que volvamos a sentir la llamada  a cuidar, fomentar y transmitir en las familias, especialmente entre los más jóvenes, la devoción y el cariño al Santísimo Cristo,  como hicieron nuestros mayores y como nos recuerda el santo Padre al hacernos este regalo.

 + Mons. Luis Quinteiro Fiuza

Obispo de Tui-Vigo